Brexit: ¿Y ahora qué?, por Elsa Kelly

El referéndum y sus resultados.

Artículo exclusivo para la página de la Fundación Ricardo Rojas

El resultado del referéndum llevado a cabo en el Reino Unido de Inglaterra e Irlanda del Norte el 23 de junio de este año, que tuvo por objeto definir si dicho país debía seguir formando parte de la Unión Europea o retirarse de dicha organización, ha generado una gran inquietud en los círculos políticos, tanto británicos como europeos y mundiales, y consternación en una gran parte de la población del Reino Unido, sobre todo en las generaciones jóvenes de ese país.

El 52 por ciento de la ciudadanía que acudió al comicio se pronunció contraria  a seguir perteneciendo a la Unión Europea, en tanto que el 48 por ciento de los votantes se manifestaron a favor de mantener al Reino Unido dentro de la misma. No toda la ciudadanía británica votó ya que el voto no es obligatorio en ese país, pero el porcentaje de votantes, según la información que trascendió, fue mucho mayor que en el caso de elecciones generales, alcanzando el 71.8 por ciento del total del electorado.

Este resultado favorable a la posición mantenida por un sector del Partido Conservador que lideró el movimiento favorable al retiro del Reino Unido de la Unión Europea (movimiento que se denomino “Brexit”) se produjo a pesar de la intensa campaña llevada a cabo por el Primer Ministro David Cameron a favor de la posición contraria de mantener al Reino Unido dentro de la Unión Europea.

El Sr. Cameron había entablado, con anterioridad a la realización de referéndum, negociaciones con la Unión Europea con la intención de redefinir algunas de las obligaciones establecidas en el marco de la profusa normativa de la Unión Europea.

Una de las críticas de fondo que se han esgrimido contra algunos aspectos de esta normativa es que toca temas muy sensibles que nunca debieron haber sido objeto de decisiones de la mencionada organización por tratarse de cuestiones que por su naturaleza corresponden a la jurisdicción interna de  los países. La cuestión más írrita se refiere al hecho de que estas normas son adoptadas por un funcionariado que no tendría legitimidad por estar compuesto de personas que no han sido elegidas por la ciudadanía de los países que forman parte de la Unión Europea.

Debe destacarse que estas críticas lejos de ser exclusivas del Reino Unido son compartidas por varios de los países miembros de la Unión Europea.

Las mencionadas negociaciones resultaron relativamente exitosas, lo que fue destacado por el Gobierno británico durante la campaña como un hecho favorable que la ciudadanía debía tener en cuenta en el momento de votar en el referendum.

Sin embargo, estos cambios en la relación del Reino Unido con la Unión Europea no fueron considerados suficientes por los partidarios del Brexit dentro del Partido Conservador, por lo que la campaña fue desarrollando un tono cada día más cáustico lo que no ayudó a esclarecer ante la ciudadanía las consecuencias de una u otra opción.

La campaña, envuelta últimamente en un clima mordaz, culminó inesperadamente con el asesinato de una diputada laborista, la Sra. Jo Cox, favorable a la posición de permanencia del Reino Unido en Europa.

Muchos se preguntan, después de conocerse el resultado del referéndum, qué fue lo que llevó al ex Primer Ministro Cameron a impulsar este referéndum, arriesgando de este modo no sólo su carrera política sino también el futuro de su país, decisión ésta a todas luces contraria a su convicción personal de que los intereses del Reino Unido estaban ligados a los de Europa.

Una de las especulaciones más comentadas en los medios de comunicación fue que el Sr. Cameron esperaba con esta movida promover la unidad de su partido – dividido por esta cuestión – y afianzar asi su liderazgo. Debe recordarse que la convocatoria  a un referéndum fue una de sus promesas de campaña. Otra opinión, también destacada por la prensa inglesa, fue que el Sr.Cameron subestimó el enojo de una gran parte de la ciudadanía con algunas decisiones provenientes de la Unión Europea – como las referidas a la inmigración  – que partía de todo el espectro político británico y no sólo del Partido Conservador-.

El esfuerzo desplegado por del Gobierno británico a favor de la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea fue muy intenso y muy pocos dudaban del éxito de la misma. Las encuestas de opinión, si bien mostraban una gran división del electorado británico, en general no favorecían la posición del Brexit.

El entonces Primer Ministro puso todo su empeño personal para para asegurar el triunfo de la posición favorable a la permanencia del Reino Unido en Europa. Invitó incluso al Presidente norteamericano Barack Obama, de visita oficial en el Reino Unido, a participar de la campaña a favor de esa posición, motivando acerbas críticas de parte  de varios dirigentes conservadores favorables al Brexit, entre ellos las del carismático alcalde de Londres, Boris Johnson, quién llegó incluso a referirse al Presidente Obama en términos que algunos consideraron injuriosos.

La posición del opositor Partido Laborista, si bien oficialmente favorable a mantener el Reino Unido dentro de la Union Europea, parece haber sido “tibia” y poco eficaz en la campaña, conforme a comentarios de la prensa y de algunos sectores internos de ese partido.

Esta evaluación fue mencionada por el diario The Guardian en su edición del 30 de mayo al referirse a un informe proveniento de un grupo laborista denominado “Britain stronger in Europe” (Gran Bretaña mas fuerte dentro de Europa) que señalaba que sólo alrededor de la mitad del Partido Laborista había comprendido que su partido era favorable a la posición de que el Reino Unido se mantuviera dentro de la Union Europea, en tanto que la otra mitad creía que el partido estaba dividido en lo que tocaba a esta cuestión o, más aún, que era favorable al Brexit. Asimismo, existió gran incertidumbre entre los grupos focales de dicho partido en Londres, Brighton y Ipswich (favorables a mantener el Reino Unido en Europa) acerca de si el líder del Partido Laborista, el Sr. Jeremy Corbyn, estaba realmente comprometido con la campaña a favor de mantener a Gran Bretaña dentro de Europa.

Esta falta de claridad de parte de dicho dirigente motivó, con posterioridad al referéndum, que perdiera el voto de confianza de su grupo parlamentario, pese a lo cual ha rehusado a dejar su cargo argumentando que cuenta con el apoyo de los sindicatos y de los militantes del partido, con lo cual el Partido Laborista se ve sumido en una crisis gravísima que eventualmente puede terminar en su división.

El resultado del referéndum  parece haber sorprendido incluso tanto a los dirigentes que lideraron el movimiento a favor del Brexit como a un gran número de parlamentarios que esperaban el triunfo de la posición contraria, especialmente los del Partido Laborista. Dado el despliegue efectuado desde el Gobierno, las encuestas anticipaban un triunfo, si bien por estrecho margen, del ex Primer Ministro David Cameron.

Incluso ciudadanos favorables al Brexit ahora parecen  dudar de  la razonabilidad de haber dado su voto sin comprender con exactitud  las consecuencias que una decisión favorable al Brexit podría traer aparejado. Una de las acusaciones contra Jeremy Corbyn dentro del Partido Laborista – cuando fue evidente que votó dividido en el referéndum – es que no tomó en serio sus responsabilidades durante la campaña dado que eludió explicar con claridad las consecuencias negativas que el Brexit traería aparejado para el Reino Unido y, más especialmente, para la clase trabajadora.

Conocido el resultado del referéndum, el ex Primer Ministro David Cameron se apresuró a declarar que el Reino Unido se mantendría fiel a la decisión de la ciudadanía, anticipando, sin embargo, que no sería él quien dirigiera el destino del Reino Unido en la etapa de su separación de la Union Europea.

De hecho, David Cameron acaba de dejar su cargo asumiendo el mismo la Sra.Theresa May, convirtiéndose así en la segunda mujer que accede al cargo de Primer Ministro.

Consecuencias del triunfo de “Brexit”.

El primer comentario que puede hacerse sobre qué pasará después de conocerse el resultado del referéndum es que se abre un compás de espera frente a algunos intentos de parte de la sociedad británica tendientes a revertir ese resultado.

En efecto, la prensa inglesa ha destacado al menos dos intentos. El argumento principal de la posición de reveer el resultado del reférendum es que desde el punto de vista constitucional, no correspondería a la Primera Ministra May iniciar el proceso de desvinculación del Reino Unido de la Union Europea porque esa decisión compete al Parlamento británico.

Ese proceso debería comenzar con la puesta en marcha del procedimiento establecido en el Articulo 50 del Tratado de Lisboa. Las negociaciones entre el Reino Unido y la Union Europea para concretar efectivamente la desvinculación tienen un limite de duración de dos años como máximo. Transcurrido ese lapso, (salvo ampliación de dicho plazo por parte del Consejo Europeo), y sin perjuicio del estado de las negociaciones, el Reino Unido quedaría automáticamente fuera de la Union, con todas las consecuencias jurídicas, económicas y comerciales del caso.

El primer intento legal tendiente a impedir que la Primera Ministra May inicie el proceso de desvinculación ha sido presentado por el ciudadano británico Deir Dos Santos ante el alto tribunal a cargo del Juez Cranston, el que ha fijado una audiencia preliminar para el 19 de julio con el objeto de que el demandante exponga los fundamentos de la acción presentada.

El argumento principal de esta demanda se funda en que desde el punto vista constitucional corresponde al Parlamento la decisión de incoar el procedimiento tendiente a iniciar esa desvinculación.

Dado que, conforme a esta demanda, el resultado del referéndum no es vinculante sino meramente consultivo, no existe de parte del gobierno británico ninguna obligación de proceder de conformidad con el resultado del mismo. Agrega, asimismo, que una decisión del Gobierno británico de impulsar el a procedimiento del Aticulo 50 sería contraria a las reglas constitucionales. Eln ese caso el Gobierno procedería  “ultra vires”, esto es, sobrepasando los poderes legítimos del Gobierno ya que, conforme a los argumentos legales presentados, la decisión de iniciar el proceso de desvinculación previsto en el Artículo 50 del Tratado de Lisboa corresponde en última instancia al Parlamento británico.

La demanda judicial fue presentada con el objeto de presentar una oposición a las declaraciones del ex Primer Ministro David Cameron que , a criterio del demandante,  constituían un anuncio formal de que el Gobierno británico seguiría adelante con el proceso de desvinculación a la luz del pronunciamiento del electorado, compromiso que ahora la actual Primera Ministra Theresa May parecería haber asumido como propio.

De prosperar judicialmente esta demanda, que exige la intervención del Parlamento en la toma de decisión de seguir adelante con el Brexit, se especula que el Gobierno que encabeza la Sra. May podría invocar la llamada “prerrogativa real” que puede eventualmente ser ejercida por el Primer Ministro, lo que le daría la competencia para iniciar el proceso de desvinculación establecido en el citado Artículo 50

Cabe agregar, además y más allá de esta acción judicial, que se ha iniciado una campaña que insta al Parlamento británico a que revierta el resultado del referéndum, que contaría con millones de firmas de ciudadanos británicos que quieren mantener al Reino Unido en la Unión Europea.

A la citada demanda se agrega otro intento de evadir el resultado del referéndum. Se trata de una nota presentada al Primer Ministro Cameron, firmada por mil abogados, urgiéndole a que permita que sea el Parlamento el órgano del Estado que tome la decisión acerca de si el Reino Unido debe o no desvincularse de la Union Europea. En la nota se alega que el resultado del referéndum sólo puede ser consultivo porque se baso en “tergiversaciones de hecho y de promesas que no pueden ser cumplidas”, según difundió el diario The Guardian.

Los firmantes de la nota  -entre los cuales figuran juristas prominentes de Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda del Norte – alegan que debe permitirse que el Parlamento vote libremente si corresponde iniciar el procedimiento previsto en el Articulo 50 del Tratado de Lisboa.

En suma, la saga del Brexit tiene un final abierto que se agrega al cúmulo de problemas que ya ha desencadenado el resultado del referéndum.

A éstos se agregan los que puedan sobrevenir, como los que se anuncian en las declaraciones de la Ministra Principal de Escocia, Nicola Sturgeon, amenazando con intentar bloquear el Brexit con una moción del Parlamento escocés con la finalidad de que nieguen su “consentimiento legal” a la desvinculación de la Unión Europea. A tal efecto, la Sra. Sturgeon manifestó que el pueblo escocés o había votado abrumadoramente a favor de la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea y que su obligación era defender su voluntad y “protegerlo de las consecuencias nefastas que puede tener la salida de la Union Europea”. En cualquier caso argumentó que  el Brexit abrió las puertas “a un segundo referéndum de independencia en Escocia”.

El futuro dirá qué puede suceder con estas avenidas abiertas a la división y al descontento, que se agregan a la desazón de un mañana incierto que el Brexit ha generado en la vida de los ciudadanos y pobladores de las Islas británicas. Ese futuro, contrariamente a lo que prometieron los militantes del Brexit, podría no ser tan auspicioso si se siguiera adelante con el proceso de desvinculación. Por el momento,  la pregunta inicial  ¿Y ahora qué? no tiene aún una clara respuesta.

Elsa Kelly