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Ciclo de charlas y conferencias
de la FUNDACIÓN RICARDO ROJAS
26
de Junio de 2003
“Conversaciones
sobre la Política” con el
Dr. CARLOS FLORIA
Apertura, Dr. Juan Manuel Casella
En primer lugar, en nombre de la Fundación Ricardo Rojas y de
su Consejo de Administración debo agradecerles a todos ustedes
la presencia, el acompañamiento, el muy justificado interés
que han puesto en esta conversación que hoy vamos a tener con el
Dr. Carlos Floria.
Me parece que es la mejor manera de comenzar un ciclo que se va a desarrollar
a lo largo del segundo semestre del año 2003. La Fundación
tiene mucho interés en recuperar su actividad de creación
intelectual, de deliberación, de discusión, de análisis,
con una orientación política clara, por supuesto, pero a
partir de una visión preponderantemente intelectual de esta actividad
política. Y nos parece que la presencia del Dr. Floria, a quien
presentará nuestro integrante del Consejo de Administración,
“Chani” Inchausti, es la mejor manera de reiniciar una actividad
que estaba amortiguada por razones obvias.
Yo simplemente aprovecho esta oportunidad para indicarles que a partir
de este momento vamos a desarrollar un ciclo que va a continuar el día
16 de julio con una mesa redonda que va a analizar el tema “Crisis
y renovación de la política argentina”. El segundo
encuentro se desarrollará el 20 de agosto, también una mesa
redonda, en que se tratará el tema “Que es una Política
de Estado, y cuales deben ser las políticas de estado en la Argentina”.
El 17 de septiembre tenemos prevista otra mesa redonda sobre “Democracia
y medios de comunicación”; y el 15 de Octubre, otra reunión
destinada a tratar temas de política internacional, bajo la convocatoria
“Argentina, América Latina, Estados Unidos y el mundo”.
Además de estos encuentros (uno por mes hasta octubre) que ya están
programados, y que con relación a los cuales ya estamos completando
la mesa de cada uno de los temas, también tenemos bajo análisis
la posibilidad de organizar cuatro mesas redondas vinculadas con temas
económico –sociales. Ayer hemos recibido un interesante proyecto
que, en la medida de lo posible, vamos a desarrollar intermediando con
los temas estrictamente políticos.
Desde ya todos ustedes quedan invitados a participar. Deseamos su concurrencia,
esperamos su concurrencia, con la garantía que los temas son importantes,
interesantes, y serán tratados en el más alto nivel.
Dicho esto, pasado este aviso, le doy la palabra a “Chani”
Inchausti, para que presente a nuestro invitado de hoy. “
Presentación, Dr. Miguel Angel Inchausti
Carlos Floria acaba de venir, hace unos días, de Estados Unidos,
y está yéndose, en pocos días más a España.
En ambos casos fue a encuentros donde se trata la situación presente
y futura de la Argentina y del mundo en general.
Ahora lo invitan a Floria a esos ámbitos por títulos merecidos
que ha logrado a través de toda su trayectoria. Porque además
de abogado es doctor ciencias jurídicas en el marco de la UBA,
ha sido profesor de materias vinculadas a la política y a la Filosofía
del Derecho. Actualmente es Profesor Consulto de la Facultad de Derecho
de la UBA, sigue enseñando en San Andrés cuestiones vinculadas
a humanidades y relaciones internacionales. Es miembro del Consejo de
Redacción de la revista Criterio. Es, también, académico
en Ciencias Morales y Políticas. Ha sido condecorado por el gobierno
de Francia. Es miembro del Concejo Pontificio “Justicia y Paz”,
además de una serie de reconocimiento y títulos que ha recibido
no solamente en nuestro país, sino que en el exterior.
Ahora, no se llega a ello de la nada. Porque Floria, como historiador,
como hombre de la ciencia política, como intelectual, fue mirando
nuestra historia como una forma de recordar lo que otros olvidan, como
dice Hausbaum. Como hombre de la ciencia política mira el presente,
lo analiza, lo investiga. Y como intelectual, impulsa algunas ideas que
nos indican hacia adonde podemos ir. Y mucha veces, en sus libros, en
sus artículos, en sus publicaciones, además de esta profundización
en la historia, de mirar el presente y dejar señales para el futuro,
dejó algunas advertencias, que, de haber sido tenidas en cuenta,
posiblemente el camino de la historia argentina hubiera sido distinto.
Ensayos, libros, publicaciones, expresan un pensamiento y una tarea de
Floria como hombre de la política, pero donde el poder debe tener
un significado. No está desprovisto de un fin y de un “para
qué”. Y en ese poder, descripto tanto en lo histórico,
en lo actual y lo que tiene que ser el futuro, está relacionado
con el hombre y la dignidad del hombre. Los valores de la Libertad, de
la Justicia, de la Igualdad, en el marco de un sistema político,
que, como forma de gobierno, como manera de vivir, es la Democracia. Y
es permanente objeto de explicación, de defensa y de impulso por
parte de Carlos Floria.
Libros de distinta naturaleza, recuerdo “Pasiones Nacionalistas”,
una guía para la lectura de la política argentina, una descripción
del régimen militar del ’66 al ’71, una publicación
en el marco de la Academia Nacional de la Historia relacionada con la
militarización y la violencia, y un libro que tiene un estudio
profundo, no solamente de la historia, sino que de ahí se pueden
sacar muchas cosas para adelante, que es “La Historia de los Argentinos”.
Y me permito cerrar esta presentación citando el último
párrafo de este libro, “La Historia de los Argentinos”.
Ahí dice algo así Floria, como que nuestra historia ha ido
perdiendo oportunidades, es una suma de oportunidades perdidas, en la
articulación de esto que es la Libertad, la Justicia y la Igualdad.
Y que hemos desaprovechado este tipo de circunstancias favorables, pero
que debemos persistir en la búsqueda de esos valores, y en esa
necesidad de articular la Libertad, la Justicia y la Igualdad. Y que vale
la pena hacerlo. Y en esa búsqueda persistente que debemos hacer,
no solamente debemos cuidar la dimensión económica y política,
sino que agregarle, fundamentalmente, la ética cultural en el ejercicio
de la función pública. Y termina diciendo: “Por ello
es que todavía tenemos esperanza”.
Como coincidimos con él en este tema, es que estamos todos nosotros
aquí. “
Dr. Carlos Floria
Bueno, vamos a reducir un poco estos halagos de amigos. Si no esto va
a parecer una licitación. ¿No?. Y no una presentación.
Pensamos, no digo de poner un título, si no de orientar esto como
una suerte de “Conversación sobre Política”,
sin atender especialmente un tema en si mismo. Aunque la verdad es que
puede ser organizado de distintas maneras.
Yo le decía al Dr. Casella que, a propósito de estas dos
ocasiones que acaba de citar “Chani” recién (Washington
y Oviedo) va a ser la reunión. Son dos reuniones cortas. Lo curioso
es que sigue siendo la Argentina el tema. En el caso de Washington, fue
la Argentina. Fue un seminario de cuatro horas, de un día. Y lo
de Oviedo va a ser de cuatro días.
Pero la Argentina es un tema en si mismo, con algunos atributos positivos
y negativos que se plantean para estudiar casos actuales.
El caso de Washington lo cito porque, en primer lugar se hizo el Wilson
Center, que es un lugar de investigación más bien dependiente
del Congreso de los Estados Unidos. La biblioteca del Wilson Center es
la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos. Y había algún
que otro senador. Estaban presentes los staff de los senadores, por ejemplo.
Y había unas trescientas personas. Había un panel, en donde
estaba Graciela Röemmer, con Santiago Cantón (que es un argentino
que preside la Comisión de Derechos Humanos de la OEA), y la coordinaba
Andrés Oppenheimmer, que es un argentino latinoamericanista, del
periodismo de Miami, muy frecuente en CNN y cosas por el estilo. Pero
cito esto con una anécdota en el medio con respecto a esta reunión,
y luego voy a lo de Oviedo. Porque da la casualidad que el tema Oviedo
es en verdad encantador. Porque es uno de esos grupos que tienen los españoles,
con alguna denominación extraña para nosotros. Pero son
grupos que vinieron construyéndose desde casi la época franquista,
por lo que pasaba en gran medida por la ausencia de partidos políticos.
Y tienen un lugar que se llama La Granda. Un lugar en Oviedo, en medio
de las montañas, donde esos grupos se reúnen, Españoles,
europeos y, en este caso. Latinoamericanos.
Cito estos dos casos porque vienen a cuento para iniciar lo que sería
una conversación, donde querría tomar un poco el tema de
la dimensión externa, de la política exterior, vista la
Argentina desde afuera. Esta sería la manera de abordar que se
me ocurre podría tener algún interés, y no para eludir
el interior, sino todo lo contrario, como se verá enseguida.
En el caso de Oviedo, el ejercicio es más bien de comparación
de transiciones, dado que España tiene su paradigma de transiciones
con tanta fortuna. Donde hubo de todo. Calidad en la conducción,
en fin, actitudes compartidas, y, como diría Maquiavelo, fortuna.
Es decir, tener tres hombres casi en una misma generación, como
fueron Suárez (a quien hoy se reivindica con todos sus títulos),
en primer lugar el Rey, y Felipe González, no es sencillo. Es como
la Europa de posguerra, que de pronto reúne a Adenauer, De Gasperi
y Schuman. Bueno, con un mediocampo de esa naturaleza uno puede hacer
una gran política. En los dos casos. Pero lo notable, lo que a
mi me toca explicar, es lo que suponen ha sido la transición argentina.
Pero en rigor de verdad, lo que tengo que explicar es por que no hicimos
una transición. Es mi hipótesis, si ustedes quieren. Para
mí es una tesis.
Es que nosotros no hicimos una verdadera política de transición,
una transición deliberada. Ellos se lucen de haberla hecho así,
con los atributos que señalábamos. Y podemos volver al tema.
En caso de Washington, el caso argentino congregó a más
de trescientas personas, pero además se hizo una teleconferencia
con la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA esa tarde, y terminó
en Washington a las ocho de la noche, lo cual significa la medianoche
nuestra, más o menos, para un norteamericano normal. Porque seguía
el debate. Y estaban, entre otros, por ejemplo, Potash, un historiador
para nosotros fundamental en políticas militares, con el cual tenemos
una vieja amistad de cuando comenzó con sus investigaciones, hace
muchos años, en los ‘60/’70. Y comenzó con un
recuerdo, con una cita sobre la Argentina que la menciono porque yo la
expresé y Potash la aclaró. Y la aclaración es lo
que después me parece muy importante.
Yo le expresé en un momento una pregunta que desconcertaba bastante
sobre la situación argentina, lo cual no debería llamarnos
la atención. Si nos desconcierta a nosotros porque no va a desconcertar
a los observadores extranjeros. Pensando que la mayor parte de los que
estaban allí eran latinoamericanistas, ocupados en cuestiones de
América Latina, en su mayoría, no todos. Pero que a su vez
el latinoamericanista es para mí una especie de ganadería
peligrosa. Porque toma a América Latina casi como promedio, o sea,
como si yo fuera un africanista y le hago caso, de pronto, a los africanistas,
paso por una tribu caníbal y termina mi vida. Porque el africanista,
generalmente, no distingue entre todas las peculiaridades de los países
africanos. Es África. Acá es América Latina, bueno.
Y venían las peculiaridades de los países. En el caso de
la Argentina aparece le tema en el que yo digo.....Yo recuerdo que una
de las historias más interesantes de la Argentina la leí
hace muchos años, la había editado EUDEBA, de un historiador
norteamericano, Mac Ann. Comienza la historia diciendo “Argentina
es Maverick”. Y Maverick para la asociación de ideas que
hacen los argentinos, sobre todo los de mi generación, es una serie
de televisión donde el tipo es un pícaro y un pillo. Bastante
simpático, pero fullero, que salía de todas las ciudades
escapando después de haber estafado a medio mundo en el juego.
Entonces Potash pide la palabra (estaba en el público) y dice.
“Tengo que hacerte una corrección. Mac Ann no cita a Maverick
por esa semblanza, en donde se le pone a la serie ese nombre, cuando en
rigor lo que Mac Ann tiene presente es un pájaro del lejano oeste
americano, que no tiene nido. Por lo tanto no se sabe donde está.
Esa es la razón por la cual Mac Ann, que tiene una gran simpatía
por la Argentina, como yo, usó esa figura muy interesante. ¿Dónde
están ustedes ahora? ¿Dónde estuvieron en tal o cual
momento? Esa es una de las perplejidades que se tiene desde afuera. Y
que tengo yo, que leo por internet tres diarios argentinos todos los días”.
Se pueden imaginar que esa perplejidad llega el fastidio en algunos casos.
Sobre todo en el mundo financiero, que no sabe como manejarse con este
país tan sorprendente. Más allá de que puedan ser
cuestionamientos espurios u honestos. De hecho, perplejidad. Y fastidio
en algún caso. De manera que se trasladó el debate, digo,
a donde estamos. Yo produje, digamos........Quise tirar la pelota adelante.
Como back paraguayo. Largué la pelota a la tribuna. Pero me pareció
deshonesto. Primero porque la intervención de Potash fue excelente.
Fue, a mi juicio, una intervención muy valiosa, para tenerla presente.
Nosotros hemos sido Maverick en el sentido de mangar. La segunda cosa:
yo me dije “¿Qué querés ahora?”, por
el caso de los Estados Unidos. Y yo querría comenzar por este lado.
Porque es donde se concentra, a mi juicio, una manera de proponer cierto
cambio de actitud para quien no esté en ella, yo diría más
positiva para con nuestro país.
Lo que se ve es una especie de masoquismo nacional. Es de excesiva negatividad.
Es como haber perdido relevancia en el mundo. Lo cual no quiere decir
que seamos un estado fuerte ni un país fuerte. Somos un país
débil en el contexto internacional, donde hay muchos países
débiles. Primera cosa que quería decir. Y sobre eso quería
referirme. Porque viendo desde la política exterior el debate norteamericano,
querría abordar brevemente la conversación sobre el caso
argentino.
El debate norteamericano es un debate muy fuerte que no ha llegado todavía
al dominio público, por así decirlo. Está todavía
en el mundo académico y en el mundo político. Porque lo
que ha llegado al dominio público es después del 11 de septiembre
de 2001, naturalmente, el tema de la seguridad y el tema del miedo, y
del temor. Y lo que ha llegado al dominio público el lo que suelen
llamar los halcones. Muy dura, muy conservadora, y de un realismo muy
audaz, temerario, diría yo, en el cual se produce, o por el cual
se produce una extraña y no usual concentración de mentalidades
completamente coincidentes en esa posición. En el presidente y
en su entorno. El más moderado de todos es Colin Powell, y, de
alguna manera, ha tenido que plegarse, de alguna forma, a las consecuencias
de manejar esas proyecciones y esas políticas.
Ese debate lleva diez años. No es un debate de ayer. No es un debate
que comienza en el 2001. En el 2001 lo que se produce es el dominio público.
Más que el debate lo que pasa es la política. Lo que se
llama estrategia de seguridad nacional. Es el gran mensaje de Bush del
2002, cuando se cumple un año del 2001. Mensaje que (voy a decir
algo que puede parecer algo temerario) es algo así como la Doctrina
de la Seguridad Nacional en la época del Proceso en la Argentina,
aplicada a los valores de la sociedad civil norteamericana. En la comparación,
quiero decir. El equivalente de......Dada la cantidad de valores de la
democracia norteamericana que lastima esa estrategia de seguridad nacional.
Es una estrategia imperial.
Voy a tratar de explicar esa categoría. La del nacionalismo imperial,
no es nuevo el fenómeno del nacionalismo imperial. Los ingleses
por ejemplo lo tuvieron. Los ingleses son muy nacionalistas. Siempre lo
fueron. El nacionalismo en el mundo tiene la mejor revista del mundo sobre
nacionalismo. La edita la London Apology Columbian, de Londres. Pero los
ingleses a su nacionalismo lo escondieron, por así decirlo, en
la Britannia. Esto lo cuenta Hausbaum. Vos citabas a Hausbaum. En un libro
fascinante, de años impresionantes. Es el primero. Y ahora sacó
sus memorias. El fue un militante comunista de toda la vida. Desde muy
joven fue comunista. Y cuenta lo que es la militancia, lo que es el Partido
Comunista. Porque era simpatizante del Partido Comunista. Un hombre que
ha vivido todo el siglo, porque está en los ochenta o noventa años.
Y cuando cuenta eso, digo como una digresión, dice que ser militante
es entregar la vida a una ideología, a una idea, sin capacidad
de crítica. De pronto esa capacidad crítica no se tiene.
“Yo fui de aquellos que creía que Stalin era realmente un
abuelito patriota”, como había escrito Simón de Bouvoir
en Francia. ¡Era un abuelito patriota!. Y Stalin contaba en aquel
entonces con tantos millones de muertos (o más o menos) que Hitler.
Pero ese fue el clima de la época. Era el modelo de un cierto tipo
de incapacidad crítica, en este caso el Partido Comunista. “Yo
me di cuenta de que ya no era un militante cuando me enamoré de
mi esposa que no es comunista”. Normalmente el militante, por definición,
tiene pareja militante. Dice: “ Cuando yo no tengo pareja militante
me doy cuenta de que mi comunismo se había moderado bastante. ¿Qué
es lo que me había salvado? Es que en el fondo me tomaban por británico.
Yo no era comunista para los demás. Ya no era en primer lugar,
militante. Al británico se lo respeta por aquello que todavía
queda del imperio”. Todo esto lo cuento como digresión, porque
el libro es realmente fascinante. Razona como un sabio sobre el nacionalismo,
que es uno de los temas de él. Pero al mismo tiempo, el dice, de
alguna forma, que esa composición del mundo hace que nosotros hayamos
vivido una edad de los extremos. Esa sería otra obra de él.
Es el siglo XX, que uno de los siglos más perversos de la historia
de la Humanidad en materia política. Uno de los siglos en lo que
ha habido más crímenes y memoria, de los cuales casi nadie
se salva. Ni Hirohíto en Japón. Casi todos los países
tienen memorias, etapas y eclipses de humanidad, diría yo. No somos
los únicos que no recuerdan o que recuerdan con mucha incomodidad
cuando se presentan. Como si yo quisiera en este momento hablar en París
del tema de Argelia o del tema de Vichy. Es tan incómodo como eso.
Y lo siguen arrastrando con un debate cada vez más complicado.
Mientras, entre tanto, producen más o menos una Ley de Amnistía
o de indulto por año. Porque en ese sentido, los franceses (los
quiero mucho, he vivido entre ellos muchos años) no son justamente
un ejemplo de discurso unificado. Uno habla del doble discurso, y ello
tienen dos y hasta tres. Los americanos también, los rusos también,
los soviéticos... Así que en ese sentido hay que hacer un
poco de política comparada. Pero no para consolarnos, sino para
tomar lo que significa. Desde donde partimos.
Entonces, a esto de la política comparada norteamericana ¿Por
qué lo traigo a colación? Yo creo que uno de los temas claves
para la Argentina presente y futura (siempre lo ha sido, pero creo que
ahora se nos va a presentar una situación futura de una enorme
complejidad, si es que alguna vez no lo fue, pero que casi todo el mundo
lo ve como tal) es que lugar en el mundo ocupa, que política exterior
va a manifestar la Argentina, frente a una situación en que tenemos
un fenómeno imperial.
No es un imperialismo en un sentido, yo diría, vergonzante. No.
Es un imperio en un sentido no vergonzante, como eran los imperialistas
del siglo XIX. En el siglo XIX el imperialismo no era vergonzante. Se
buscaba. El que no era imperialista era porque no podía, simplemente.
Ver la literatura. En el siglo XIX se busca ser imperialista. Imperial
por lo pronto.
El nacionalismo inglés es un caso formidable como ejemplo, que
lo voy a citar especialmente porque lo descubrí en un artículo,
en que se trata especialmente ese tema. Se esconde el imperialismo inglés,
por así decirlo, en el Imperio Británico. Pero, en rigor
de verdad, traslada todo el nacionalismo inglés a las colonias
británicas sin nombrar el nacionalismo. Sin decir que es nacionalismo.
Es el Imperio.
Ese imperialismo lo tienen lo rusos en la URSS. Son el imperio soviético.
Y el fenómeno centrífugo que se produce luego de la implosión
del Imperio Soviético, es el renacimiento de todas las nacionalidades
que han sido sometidas por el Imperio Ruso. Todos esos fenómenos
ahora se pueden analizar. Y hay para analizar material, ya que hasta los
propios rusos lo admiten. Hay, incluso, una nostalgia imperial que permanece
aún en Rusia. Como el comportamiento del actual Primer Ministro
Putín. Es un típico comportamiento de un nacionalista ruso.
Además KGB no es un currículum un diferente. Y no lo digo
en un sentido avieso y pícaro. Una vez me decía el jesuita
Calvés, que es a la vez un viejo amigo y sabio soviétologo,
que la KGB es lo más internacional que tiene Rusia. Es el equivalente,
decía él, a nuestra Escuela Nacional de Administración.
Porque el entrenamiento de la KGB rusa es infinitamente menos provinciano
que el del resto de los camaradas rusos, que son en general de una vida
muy provinciana.
Este es otro tema, pero es de esos abordajes que conviene ir explorando,
más bien nuevos, que los da como posibilidad el desorden internacional.
Un desorden internacional en el que hoy, casi sin complejos, se puede
entrar en cuestiones antes esquivas y molestas, incómodas, como
una curiosidad.
En el caso norteamericano hay un nacionalismo imperial. Si ustedes quieren,
una idea imperial. Una idea que además produce, en función
de hechos (que desde el punto de vista de la descripción son efectivamente
así). Es decir, tienen el mayor poder militar existente, el mayor
poder tecnológico existente, el poder económico enorme (lo
tiene pese a todos los problemas que pueda tener su economía),
el dominio de los mercados financieros. Si uno reúne todos esos
recursos, uno tiene una potencia hegemónica. O por lo menos una
primera potencia, o una potencia mayor. Como quieran ustedes llamarla.
Los que tienen cuatro de los cuatro, tres de los cuatro, dos de los cuatro,
uno de los cuatro o nada, están en esa relación de fuerza.
Nosotros en todo caso tengamos alguno recursos, no, ciertamente, todos
esos cuatro. Ruanda no tiene ninguno, para citar un caso trágico
y olvidado, porque no hay ningún interés puesto por las
grandes potencias en Africa, y mucho menos en Ruanda. Verán que
no existe Ruanda ni para la CNN ni para el mundo. Ahí el genocidio
lleva más de setecientos mil muertos. Por lo menos hasta hace un
año eran setecientos mil. Ahora deben ser ochocientos mil. El mundo
no está advertido de eso. Porque nadie tiene un interés
puesto en eso. No hay ningún recurso que llame la atención
en Ruanda, y mucho menos los seres humanos.
Esa Estrategia de la Seguridad Nacional significa asumir que los Estados
Unidos van a asumir o tienen definido su interés nacional. Y que
en función de su interés nacional van calificando o descalificando
al resto del mundo. Y a los organismos internacionales. Y esto está
dicho con mucha claridad. No con estas palabras tan gruesas con que lo
estoy diciendo, pero los conceptos son esos. “Nosotros no vamos
a ver condicionado –es así la frase- nuestro interés
nacional por un Derecho Internacional que no responde a las necesidades
de los actores”. Este es el principio del mensaje de Bush, que merece
ser leído para situarse en cual es la perspectiva de la potencia
dominante.
En segundo lugar hay una predisposición misionera o misional de
la predicación de la Democracia según la visión norteamericana,
que debe ser instalada en el mundo; y una visión, yo diría,
guerrera, militar, fuerte sobre todo aquel que amenace, o pueda acechar
o amenazar el interés norteamericano.
Esto me hace acordar a una conversación de hace muchos años
con un grana maestro de la Relaciones Internacionales que, me acuerdo,
trajimos aquí cuando se inauguró la Escuela de Ciencias
Políticas de la Universidad del Salvador. En 1968 habrá
sido, durante el gobierno de Onganía. Es Hans Morgentau. En ese
momento de mi segunda juventud, estábamos tan convencidos que la
Argentina merecía este tipo de gente, que invitamos a Morgentau
e invitamos a Robert Dahl, que era el Director de Ciencias Políticas
de Yale, un clásico contemporáneo de las Ciencias Políticas
para los que hacíamos eso. Todavía vive. Y a un filósofo
del Derecho italiano, Sergio Costa, que es una maravilla. Pero quiero
citar de la conversación, dos testimonios, uno de Morgentau y uno
de Dahl, que vienen muy a cuento por todo esto. A Morgentau me toca hacerle
una entrevista para Criterio, que está publicada en esos años.
Y una de las preguntas es cual es la línea estructural, la constante,
la clave para explicar la política exterior norteamericana. Una
consulta interesante. Estamos hablando de los ’60. Y Morgentau,
que fue el que inauguró lo que se llamó la Escuela Realista
de las Relaciones Internacionales (y que dice Raimond Aaron, el gran analista
europeo, francamente notable, que es una disciplina netamente norteamericana.
Pero no lo decía mal. Lo decía francamente con admiración.
Decía que los norteamericanos han hecho, han derivado a la Ciencia
Política, y han hecho una cosa más o menos autónoma
a la Relaciones Internacionales), la contestación de Morgentau
fue la siguiente: “Nosotros nos movemos entre el Sermón de
la Montaña y las variaciones sobre Clausevitz”. Eso es algo
sensacional, que nunca olvido. Y que ahora fui a escribir, respetando
el origen. “Nosotros tenemos una visión misional de destino
manifiesto y, por lo tanto, el mundo debe escuchar nuestra prédica.
Predicamos permanentemente. Hasta que nuestro interés sentimos
que está siendo afectado, o nos impacientamos, o entramos en la
política de violencia que otros están haciendo. Como en
las guerras europeas” –en las que en rigor de verdad, vienen
siempre después- “Y en ese momento somos muy violentos, muy
violentos” –dice- “Yo uso a las variaciones sobre Clausevitz
para citar a uno de los grandes pensadores de la guerra, pero soy un poco
injusto. Porque Clausevitz era un pensador delicado. Nosotros no somos
nada delicados cuando usamos la violencia”. Lo recordé siempre.
Lo recordé mucho con este documental que ganó el Oscar hace
poco, “Bowling for Columbine”, que es un ejemplo sensacional
de la violencia en la sociedad norteamericana. Es un documental formidable.
Parte de una estadística que hay once mil muertos civiles por año
por armas de civiles en los Estados Unidos. Comparado con el área
cultural correspondiente, porque no hace comparaciones el director, digamos
deshonestas. Toma el área cultural anglosajona, por así
decirlo (Australia, Canadá, Gran Bretaña). Y los otros tres
países están cincuenta, sesenta, setenta muertos por año
por las mismas razones. ¡Ellos está en once mil!
Bueno, eso me hace acordar a la segunda conversación. La segunda
conversación fue con Dahl. A Robert Dahl le cuento en la estadía
en Buenos Aires (estuvieron casi diez días) lo que había
conversado con Morgentau. Y le digo que me sorprende que la sociedad norteamericana
sea tan violenta, porque en el fondo tiene una constitución admirable
y es un sistema político admirable. Y la respuesta de Dahl fue:
“Justamente por eso. Nuestro diseño institucional está
pensado para una sociedad violenta y no para una sociedad pacífica.
Y por lo tanto el tema de la negociación de los conflictos es fundamental.
Y la contención de los conflictos es fundamental. Nuestro diseño
institucional es muy sabio. No es tan democrático como decimos,
nada sensacional.” Es un típico liberal americano. Ahora
acaba de sacar un último libro, que está traduciendo el
Fondo de Cultura Económica, que son los datos no democráticos
de la Constitución norteamericana. Eso es muy interesante, porque
habla del sistema del Senado y de la Corte.
Quiero decir estas dos aproximaciones. Yo le agregaría a ese eje
Sermón de la Montaña/ Variaciones sobre Clausevitz, una
horizontal que tenga el unilateralismo y el multilateralismo. Y eso da
cuatro cuadrantes. Y esos cuatro espacios puede explicar muy bien la política
de distintos presidentes norteamericanos. Tomando a Estados Unidos, por
el momento. Y voy a explicar por que querría hacerlo así.
El Bush padre es el Sermón de la Montaña y el Multilateralismo.
Porque en la Primera Guerra del Golfo, la recomendación general
fue: “Pasemos por Naciones Unidas. Legitimemos la acción
con Naciones Unidas”. Y así lo hizo. Bush hijo es el unilateralismo
con las Variaciones sobre Clausevitz. El Sermón de la Montaña
está, porque a todo lo que acabo de contar también se agrega
la afiliación de la derecha cristiana evangelista, que gravita
mucho en el grupo dominante norteamericano conservador. Es decir que hay,
por las mismas frases del presidente norteamericano (El Eje del Mal),
un lenguaje análogo, no digo igual, al fundamentalismo oriental,
donde el tema del integrismo religioso es fundamental. No se puede entender
Oriente si uno no estudia el integrismo, el nacionalismo, la politización
de la religión. O, si ustedes quieren, el clericalismo en el sentido
técnico de la expresión. Es una confusión entre el
poder político y el poder religioso. Todo esto está siendo
dado así.
Entonces ¿A que va todo esto? Bueno, primero, una parte de la conversación
quería exponer una organización de debate sobre un trabajo
que estoy haciendo. Les quería contar esto. Estoy por la mitad.
Estoy buscando, y más o menos subrayando, que autores, que intelectuales,
que académicos, influyen o han influido en este debate de cada
lado. En resumen, hay tres o cuatro nombres fundamentales de la derecha
realista en el sentido duro del realismo que hablan del imperio como objetivo
natural. Es decir, realmente, que Estados Unidos debe comportarse como
una potencia imperial. Porque en medio del desorden internacional, la
única manera que tenga algún orden es que “nosotros
nos podamos imponer, porque somos un imperio”. Punto. Esto dicho
palabras más o menos y, a veces, así. Tan gruesamente como
lo estoy diciendo. Porque están convencidos que es así.
Además lo están diciendo en el sentido más franco.
Si ustedes quieren, en el sentido más brutalmente franco de la
cosa.
En el mundo académico y parte del mundo político ha empezado
un debate. En el dominio público estoy hablando. Porque el debate
este del que estoy hablando y lo que estoy diciendo ahora, tiene diez
años de antigüedad. Ahora está públicamente
conocido. Porque lo toma el presidente de Estados Unidos el libreto. Pero
esto comienza antes. Enseguida de la implosión del imperio soviético
empieza este debate. Es decir, termina el debate de la estrategia nuclear
de disuasión. Y empieza este debate de la estrategia guerrera de
la anticipación. Lo que llaman la pre endipwar. Lo que llaman la
anticipación. La anticipación significa “yo no voy
a actuar cuando el otro golpea. Yo lo voy a amenazar que lo voy a golpear
más fuerte”. Que era la estrategia de Hinan, un famoso diplomático
de lo años ’80, que desarrolló la estrategia de contención
del imperio soviético en el caso de la Guerra Fría: “yo
voy a actuar cuando el otro me parezca un enemigo peligroso en el futuro
que viene”. Es decir, cuando hay una asechanza para mi interés
nacional, y cuando analizo y diagnostico que esa asechanza es cierta.
Es decir, que uno puede estar de pronto designado en el Eje del Mal, o
que el eje continuará a otros. Y voy a actuar según ese
interés nacional me lo determina. En el caso de Irak, se anuncia
ya como un enemigo fundamental a Saddam. En el caso de Irán el
caso es más complejo. En el caso de Corea del Norte es infinitamente
más complejo. Pero no hay una guerra. Cuando en rigor de verdad,
en términos de esta estrategia, estarían los tres en igualdad
de condiciones si fuera esta la causa directa de acción.
¿A qué conduce esto? A que, en el sentido norteamericano
de la expresión, los liberals como dicen los norteamericanos, los
que serían los socialdemócratas nuestros, digamos. O, más
bien, lo que sería un socialdemócrata europeo para quien
no esté familiarizado (no tiene por que estarlo) con la terminología
que usan los norteamericanos. Los norteamericanos, en realidad, cuando
hablan de un liberal, hablan de un centroizquierda. No están hablando
de un centroderecha. ¿Verdad? El estado debe intervenir, la política
social importa mucho, etcétera, etcétera, etcétera.
Bueno, ese mundo tiene hoy un vocero, o un intérprete, fundamenta
que se llama Stanley Hoffmann, que es el Director de Política Internacional
de Harvard. Cito este nombre porque digo: ¿Cuál es la referencia
que quiero tomar que sea de la mejor calidad de lo que tiene la Academia
Norteamericana de Política Internacional? Que tiene el agregado
que es un austríaco de origen, que fue ciudadano francés
por mucho tiempo y que luego se hizo ciudadano norteamericano, como pasa
en la cooptación notable que tienen los Estados Unidos de gente
muy valiosa de todo el mundo. Hoffmann dice: “Yo voy a entrar por
otro lado. Primero: no creo que esta política sea realista. La
creo muy irrealista. Porque los llamados realistas de Morgentau eran muy
prudentes. Y esta me parece una política muy imprudente, donde
las consecuencias no están bien examinadas. Entrar a Oriente de
esta manera nos significa una serie de problemas de administración
de la victoria, que están mucho más allá de la inmediata
victoria militar”.
Pero la segunda cosa que él señala es muy interesante, la
podría decir de una manera muy esquemática, y, quizás
un poco infiel, pero básicamente clara en lo fundamental. Es cuantos
valores fundamentales norteamericanos son heridos por esta estrategia.
Esto es muy interesante. Nuestra concepción de la libertad de expresión,
nuestra concepción de los derechos humanos, nuestra concepción
de la justicia. Todo eso está herido, lastimado. Tenemos gente
detenida en Guantánamo sin proceso. Tenemos gente, incluso norteamericanos,
calificados como peligrosos combatientes, y que no tienen derecho a un
abogado, todavía. En Estados Unidos tenemos una autocensura muy
fuerte. Yo presencié una conferencia de prensa en la que estaba
Condoleeza Reeds, una de los miembros del grupo más caracterizado.
Muy dura, muy inteligente. Y me llamó mucho la atención
que fuera contra toda la tradición norteamericana, donde si uno
habla tiene que terminar con un debate. No puede hablar, saludar e irse.
Pero si lo hace, por supuesto, lo dejan irse, pero después nunca
más vuelve. Tiene que debatir. Y la sorpresa mía fue que
en la conferencia de prensa donde se plantean mucho de lo temas de Seguridad
Nacional Norteamericana, y no haya ninguna pregunta. Yo no había
entendido bien lo que había pasado, si quieren ponerlo así.
¿A qué viene todo esto? Bueno, primero porque, yo decía,
creo en le política exterior argentina como un tema de discusión
y examen. Porque yo creo que desde la política exterior uno puede
quizás ver más claro que cosas ve en la política
interior. Yo creo, siempre he creído lo que voy decir es casi obvio)
que yo no puedo tener una buena política exterior si no tengo una
buena política interna. Y me remito a lo que decía Juan
XXIII de la Iglesia, cundo llamó al Concilio. Juan XXIII decía
que si estamos con malestar de estómago, estamos con la cara arrugada.
Y estamos con la cara arrugada porque tenemos malestar de estómago.
Por lo tanto, si queremos una cara limpia, sin arrugas, tenemos que modificar
nuestro estómago, tenemos que ponerlo bien. Es decir, léase
Concilio. “Vengan a reformar la Iglesia. En la situación
que está no puede seguir.” Quiero decir, si no tenemos un
régimen político decente (vamos a tomar un calificativo
ni técnico ni de jerga, decente), de una democracia no precaria,
es muy difícil habla de una política exterior. Porque nos
presentamos al exterior. Que una potencia tenga doble discurso, es normal.
Hay, en todo caso, que acostumbrarse a ver como son los dobles estándar.
Como cuando en Estados Unidos el Sermón de la Montaña era
contra las dictaduras. Pero contra las dictaduras enemigas. No contra
las dictaduras amigas. Bueno, ahí está el doble estándar.
Sepámoslo. O sépase en ese momento.
Quiero decir: ¿Por dónde pasa una política exterior?
Por construir, digamos, un sistema político relevante.
Segundo, (no estoy dando un orden de importancia, estoy haciendo un inventario
casi enunciativo) tener una cancillería modernizada. Cuento una
anécdota que parece menor, pero que desde el punto de vista práctico
me parece muy interesante. Me la contaron la semana pasada a raíz
que desde el gobierno argentino se había pedido una audiencia con
un Secretario de Estado. Entonces el que estaba presente allí (fíjense
lo que voy a contar, porque me pareció muy ilustrativo, muy interesante,
y después me enteré que los brasileños lo tienen
como instrucción) pide la audiencia con el senador tal y con el
secretario de estado. Entonces el que estaba allí le dice le dice
que en realidad el que maneja ese tema no es el senador Tal ni el secretario
de estado. Que es Fulano de Tal, y que es del staff, el que va a hacer
lo que va a leer el senador, y que es de segunda línea y que hablen
con él. Que no hablen con el senador. Que van a terminar tomando
café y hablando de cine californiano, o de alguna cosa por el estilo,
de lo lindo que es San Telmo. Y del tema el senador no le va a hablar,
porque el senador no sabe todavía cual es la opinión del
staff. Esto que digo, que parece una anécdota menor, es una anécdota
que se traduce, por ejemplo, en las instrucciones que tiene la diplomacia
brasileña (a nosotros siempre nos conmueve lo que hacen los brasileños,
podría citar a China, que también conmueve). Pero temía
que iba a ser una cosa así. ¿Pero cuál es el problema?
Que no se preocupan por el rol. ¿No es que el Ministro habla con
el Ministro? El ministro va a visitar al ministro, si ustedes quieren,
para la foto. Pero que se sepa que la conversación se hace con
quien se detecta. Como ser el personaje que hace el dictamen que va a
tratarse después, y va a terminar en el Congreso de Estados Unidos,
por ejemplo. Es decir, una cancillería moderna. Una cancillería
que tenga interlocutores que tengan conocimientos comparativos del mundo.
El ISEN significó, de alguna forma, una modificación muy
importante para el servicio exterior. Ustedes han visto como es el mundo
de la diplomacia. Yo lo viví algunos años. Estuve la mitad
afuera, porque de alguna manera enseño y he enseñado en
el ISEN. Lo que estoy diciendo es en un sentido positivo, con vistas a
mejorar. No estoy haciendo una crítica de la corporación.
Es un mundo muy corporativo, muy cerrado. Y como toda cuestión
cerrada, muy predispuesta a lo que un psicólogo extraordinario,
Colman, el que tiene el famoso libro “La Inteligencia Emocional”,
llama la psicología del autoengaño. Típico de los
entornos ¿No? Y de las corporaciones. Y la psicología del
autoengaño le pasó a Kennedy, con un gran entorno, presidido
por Bob Kennedy. Cuando Bahía de Cochinos, entonces, el entorno
se puso de acuerdo que había que invadir. Y cuando Slesinger, que
era el único disidente dijo “Esto me parece un disparate”,
lo echaron del entorno. Y estamos hablando de Bob Kennedy, no estamos
hablando de Luisito Barrionuevo, para citar una figura distinta. Pero
digo, todos los lugares tienen entornos, las iglesia, las universidades
y, por supuesto, los gobiernos. Cuando decía de la modernización
de la cancillería, me refería también a esto. Hay
una suerte de sentimiento de que nosotros somos excesivamente masoquistas,
y de que realmente estamos en una posición más negativa
que en la que nos ven desde afuera. Es decir, no cierra. No es coherente
en un país que tiene una serie de recursos naturales, estratégicos.
El agua, el turismo, por ejemplo. En ese sentido tiene razón Scioli.
Por lo menos en ese punto. El turismo es toda una industria, y es cierto.
Pero además tiene una importancia relevante de tipo cultural. La
imagen cultural de la argentina sigue siendo fuerte. Porque la tradición
científica y cultural de la Argentina ha sido muy importante. Estamos
viviendo todavía de prestado. Cada vez más. Yo experimenté
en la UNESCO... En la UNESCO presidíamos sobre veintidós
comisiones, once. Que no podíamos presidir porque no teníamos
once empleados. Pasmos entonces a la vicepresidencia, porque nos pedían
los latinoamericanos. A mí me tocaba presidir Latinoamérica
y el Caribe. Me decían “Vos sos abogado, por que no presidís
Latinoamérica y el Caribe”. Argentina tiene un gran respeto
intelectual, un gran respeto científico, un gran respeto cultural.
Es un recurso muy importante, y tiene una relevancia que por supuesto
va más allá de lo que pueda significar la competencia con
el país más potente, como es el caso de Brasil. Con lo cual
quiero decir: no difundamos la irrelevancia. Tenemos malos comportamientos.
Hemos hecho disparates muy grandes. Esto creo que es una manera de hacer
un buen diagnóstico. Cuando yo digo esto recuerdo una frase que
decía Unamuno, que me parece siempre sensacional. Que solamente
el Vasco y Sarmiento podrían haberla dicho. El Vasco decía:
“Cuando yo le digo estúpido lo estoy describiendo, no lo
estoy insultando”. Lo habían llevado a juicio porque le había
dicho a un diputado “ Usted es un estúpido” .entonces,
le decía al Juez “Yo creo que es un estúpido, pero
lo estoy describiendo, no es una objeción. “Dice que tiene
dolor de cabeza ¡Como no va a tener dolor de cabeza si tiene vacío
interior, la presión exterior le produce dolor de cabeza”.
Así que el Juez no sabía que hacer con Unamuno. Es una anécdota
sensacional tomando esto como descripción en el mejor sentido.
Hagamos un buen diagnóstico por lo tanto, ese buen diagnóstico
nos lleva a ser un poco los potenciales. De Gaulle lo decía en
la Francia humillada del colaboracionismo. Hagamos el juego del judo,
somos débiles el otro es fuerte. Aprovechemos también la
fuerza de otros. Pero no nos revelemos como débiles en el sentido
de que no tenemos capacidad competitiva ninguna. Porque no es cierto,
la tenemos. Y seamos más patriotas, que es lo que en el fondo quería
decir. Ahora, patriotas no quiere decir nacionalistas. Para hacer la diferencia,
no porque yo este en contra del nacionalismo en general, pero el nacionalismo
es una ideología muy excluyente. Cuando uno dice “yo soy
un nacionalista moderado” lo que está queriendo decir es
que es un patriota, en el fondo. Y eso lo tenía muy claro De Gaulle.
Y lo tiene muy claro Juan Pablo II. Nunca habla de nacionalismo. ¡Un
polaco! Un polaco es nacionalista, seguro. Y católico. Y De Gaulle
tampoco hablaba de nacionalismo. Hablaba de los nacionales. “Nosotros
tenemos maneras de comprendernos con los nacionales nuestros”. Porque
temía la proyección ideológica donde se absolutizaba
la nación en perjuicio del hombre concreto, de la persona. Eso
es el pecado del nacionalismo antiliberal del siglo XX. En cambio en patriotismo,
lo dijo muy bien Simón Bail, que era el vocero de De Gaulle en
la época de la liberación (Simón Bail tiene unos
preciosos discursos desde Londres de esa época por Radio de la
Liberación), donde dice “Nosotros no queremos una Francia
de Luis XIV ni de Napoleón. Nosotros vamos a asumir la Francia
humillada, corrupta, miserable, colaboracionista, que está en esta
situación, y desde aquí la vamos a remontar. Porque a nosotros
nos duele más esta Francia así. Y la vamos a sanar”.
Y ese fue el discurso “Porque somos patriotas”, la apelación
al patriotismo francés, no al nacionalismo. Porque si apelaba al
nacionalismo caía en Vichy. Si eran nacionalistas los que habían
hecho de alguna manera el colaboracionismo más duro con lo nazis.
Bueno esto es una penúltima consideración, que se me ocurría
en este momento. La, no digo última para ir abriendo un poco la
conversación, ir abriendo un poco el juego. Hay momento que yo
creo (sigo haciendo citas. Debe ser la edad ¿No?), hace poco tiempo
la escribí, es una cita de Jean Guiton, yo creo admirable, que
decía que el rey de los belgas en la Primera Guerra Mundial, sale
al balcón, y le dice a los belgas “Estamos constreñidos
al heroísmo. No nos queda más remedio que ser héroes”.
Yo creo que estamos constreñidos a la honestidad. Estamos constreñidos
a la honestidad, estamos constreñidos al patriotismo, estamos constreñidos
a la austeridad. Pero sin perder la idea de la modernidad. No para ser
una especie de regeneración reaccionaria, si no para ser algo moderno.
Y estamos constreñidos. Fíjense que van a parecer mucho
honestos de lo que son. Porque ahora nadie puede presentarse como no honesto.
Esto es lo que decía Jean Guitón. Perdón que soy
muy pudibundo en las cosas, como decía Sarmiento con las transiciones
políticas. Decía “los ranchos se hacen con ladrillos
de adobe y de bosta, los de bosta se ponen mas atrás. Pero siempre
hay mezcla”. La transición Española se hizo con todos
los que ellos tenían allí dispuestos en la actitud al cambio.
Con una condición fundamental: Ahora vamos a ir a una España
Europea, a una España democrática y a una monarquía
constitucional. Dicho por Felipe González ”A mí me
costó mucho mas proponer al partido que el partido aceptase la
monarquía, por que a todos los republicanos heroicos los teníamos
exiliados, mucho más que la revisión del estatuto sacando
los artículos Stalinistas, Marxistas y Leninistas que tenía
el estatuto, eso se resolvió en una tarde, que lo otro llevó
una semana de debate”. En Anter, fuera de España cuando todavía
no había muerto Franco. Pero ellos tuvieron el famoso Pacto de
la Moncloa, que como texto no conmueve mucho, en fin, es una cosa bastante
prolija como pude ser un pacto socioeconómico con un marco político.
Lo político fue la reforma de la constitución, y junto con
la constitución, el Referéndum por la monarquía,
que fue 95% a favor de la monarquía. Es decir la legitimidad social
de la monarquía en España (tenía razón Franco)
era total. Pero ellos tuvieron que hacer una transición que tuvo
que esperar la muerte de Franco. Por eso el tema de las transiciones es
tan difícil. Endoso lo siguiente: es más difícil
de hacer es una transición positiva y fundamental que una revolución.
Porque la transición conduce a pensar en las consecuencias, o sea,
ahí, sí sería la ética de la responsabilidad
en el sentido weberiano de la expresión, totalmente. Yo pienso
tengo convicciones, pero las convicciones las pienso, además, aplicadas,
para que tenga consecuencias cercanas a mis convicciones. No plenamente
identificada con mis convicciones, por que eso es un purismo que termina
siendo peligroso. Porque también los nazis era puros. Así
que el tema de la pureza en política así dicha, es un hecho
peligroso. La política es una mixtura de pasión, de corazón
y de razón. Lo de la inteligencia emocional que decía, en
el fondo es eso. Nosotros tenemos esa mezcla de pasiones y de razón.
Y las transiciones suelen ser, o pueden ser, formas racionales de cambio
modernizador, donde se pueden controlar las consecuencias para que no
se desvíe o no se escape, o se despiste, de lo que puede ser una
política inteligente. “
Debate
Pregunta- Usted puso el énfasis en la situación de España
durante la transición y los diferentes cambios de gobierno, que
hicieron de España lo que es hoy. ¿No es cierto? ¿Como
considera usted, o por que considera usted que nosotros o nuestro país
no fuimos capaces de generar una transición que nos hubiera evitado
llegar a la situación en que está hoy nuestro país?
y en todo caso, si la clase dirigente, considerados todos los partidos
políticos, no fueron capaces de avizorar esa necesidad.
Floria- Yo por lo pronto de la situación de la Argentina en el
momento de la claudicación del régimen militar, no digo
que impidió, pero creó un clima de retorno de la democracia,
que visto ahora no quiero ponerme es soberbio, es más claro que
estábamos partiendo de confusiones conceptuales. Esto parece medio
académico, pero es un tema que tenemos que tratar. Tenemos que
aclarar hay muchos conceptos que los tenemos frívolamente tratados,
con lo cual quiero decir lo siguiente: España tuvo que hacer una
transición, en eso podemos parecernos, a demás lo estaba
haciendo dentro de Europa. Con la comunidad Europea que era una colaboración
fenomenal. El destino de España era ser Europea. Primera cosa.
Por lo que me hizo acordar ahora una cosa sobre América Latina
y Sudamérica, para la Argentina. Pero volviendo a su pregunta,
lo que pasa es que con los años uno se pone más severo,
nosotros no tenemos tradición democrática en el sentido
democrático constitucional de la expresión. No tenemos cultura
democrática política, en el sentido de una cultura arraigada.
Tenemos entremeses democráticos en nuestra historia contemporánea.
No tenemos una cultura política y la democracia es un hecho cultural,
no es un hecho de la naturaleza. Este me parece que es un punto clave.
Si nosotros no asumimos eso con humildad nos va a parecer que son todos
culpables de que no tenemos una democracia como queremos. Lo que pasa
que retornar a la democracia sería como retornar a una edad de
oro que habíamos tenido. Yo diría no la hemos tenido de
esa manera a una democracia moderna. Que implica, no solamente participación
e igualdad, sino libertad y competición. El disenso tolerado como
cosa positiva el disenso para enriquecer las ideas, el consenso con disenso
al mismo tiempo. El consenso de las reglas de juego, para disentir. Ese
tipo de cultura no la hemos tenido. Ese es mi punto de partida. Lo digo
como veterano y pido disculpas a la generaciones nuevas por que no lo
habíamos logrado construir. Decir que retornábamos, esta
bien. En el clima del momento yo comprendo que estuviéramos probablemente
muy entusiasmados con la cosa. La claudicación del régimen
fue una demostración de que eso era lo que necesitábamos
hacer. Pero al mismo tiempo al hacerlo así era como irrumpir en
un pasado en el cual el régimen militar, había sido una
interrupción. Yo creo que la interrupción fue la democracia.
Quiero decir, hay más congruencia y facilidad (lo que digo es todo
polémica, por que la política es polémica), digo,
y para mí es más fácil una lectura corporativa de
la Argentina contemporánea que de una Argentina democrática.
La lectura corporativa es de una coherencia fenomenal, casi no tiene interrupción.
El dominio de las corporaciones, el dominio objetivo de las corporaciones,
el apoyo de los gobiernos, llámese colaboración económica,
militar, política, cultural, eclesiástica clerical y sindical.
Así que esa lectura corporativa de la Argentina, el clericalismo
de la Iglesia con el poder político, por ejemplo. Esos cambios
se están dando. La Iglesia se ha desclericalizado, por ejemplo.
Puede tomarse ese ejemplo, como el Concilio Vaticano II. Porque el Concilio
se desclericalizó. El Concilio es el Concilio más anticlerical
de la historia de la Iglesia. ¿Cuántos obispos leyeron el
Concilio aquí? Recién, yo diría, que esta generación
que está hoy gobernando la Iglesia lo leyó. Dudo que lo
hayan leído otros. Hablo de los obispos, de los laicos y demás.
Pero quiero decir, que pongo el ejemplo de la Iglesia porque lo hago desde
la posición de un católico militante. Un católico
liberal, que es una ganadería no abundante. Y lo digo con toda
convicción. Pero ni hablar de la corporación sindical. Al
fin y al cabo el fenómeno peronista descansa en que punto, que
es lo que deja realmente organizado Perón: el poder sindical. El
Partido Justicialista era secundario para él, la doctrina justicialista
era secundaria e instrumental para él. El poder sindical era la
famosa columna vertebral. Había una especie de dato corporativo,
para algunos un dato, como decía Gino Germani, un dato fascista
dentro de un movimiento que no era fascista, parece que fuera una simplificación
decirlo así, pero tenía datos de fascismo dentro de su naturaleza.
Todo ese tipo de análisis no lo veníamos haciendo. Yo diría
que ahora hay, me parece, más soltura para la revisión histórica.
Yo estaba leyendo el otro día el libro de Sebrelli, por ejemplo.
Yo hay cosas que no estoy de acuerdo con Sebrelli, pero bueno, sobre todo
las cosas que escribía antes. Ese libro me pareció muy divertido.
Pero a mí lo que me gusta de ese libro es que es muy libre. El
opina de la izquierda una cantidad de cosas muy fuertes. Que la izquierda
no le gustaba nada, pero que hoy casi ningún miembro de lo que
se llamaría el progresismo inteligente, tipo Beatriz Sarlo, Altamirano
y demás, estaría en desacuerdo. Estarían muy de acuerdo
con Sebrelli en la crítica a la izquierda. Y ni hablar en la crítica
a la derecha. Y a lo que sería el centro, ese que nunca deja de
ser una especie de ánima en pena en el caso de la Argentina. Ese
tipo de cosas, yo creo, explica por que una política de transición
no se pensó como una política deliberada, ni una estrategia
deliberada. Se creyó que en alguna medida el volver a los partidos
políticos era volver a la Argentina democrática. A mi juicio,
por ejemplo, eso a Chile no le ocurrió. Y no le ocurrió
porque vivía y vive Pinochet. Piensen en España viviendo
Franco. No hubiera habido transición. Franco el dijo a Suárez,
contado por Suárez “Haga lo que quiera. Mientras yo viva
eso no va a ocurrir”. Eso contado por Suárez. Entonces cuando
tuvieron que acordar la transición... Las anécdotas son
infinitas. A mí me tocó un seminario en Toledo, que fue
un privilegio, yo recuerdo que se lo conté cuando volví
a quien era ministro, Tróccoli. Yo le dije “Mire, yo he escuchado
todo esto”. Era un seminario en que estaban todos los españoles
y nos habían invitado a tres extranjeros, éramos Hugh Thomas,
que era un gran escritor de la guerra civil española, un norteamericano
que no me acuerdo como se llamaba y yo. Los únicos tres extranjeros.
Los otros eran todos historiadores y politólogos españoles,
sociólogos y políticos, también, no muchos, en la
Fundación Ortega y Gasset. Fue una semana en que cada uno ocupaba
un día en contar el testimonio de lo que había hecho en
la transición. Es decir, en ese momento presidía Felipe
González, pero Felipe González hablaba como Secretario General
del Partido Socialista Obrero Español; Suárez, que era diputado,
hablaba como presidente del gobierno ; y el Rey hablaba como príncipe.
Notable. Las cosas que contaron allí, que era historia oral y no
se podía en ese momento escribir, desgraciadamente. Y donde el
buen Felipe, dijo. Bueno yo acepto que se publique todo esto en cuanto
yo deje de gobernar. Y nadie pensaba que iba a dejar de gobernar. Tantos
años iba a gobernar, que cuando dejara se conocía casi todo.
Pero todos lo aprobamos en esa momento diciendo “¡Qué
bien!”. Muy leal esto de cuando dejara de gobernar. Pero es que
no dejaba a los cuatro años, dejaba a los diez. Lo que contaron
allí fue muy interesante, porque por eso digo que lo más
importante fue la monarquía, no tanto lo de limpiar de stalinismo-leninista
el estatuto, porque esto estaba ya comprometido en lo que podría
ser una socialdemocracia moderna. Como ya existía en Europa, y
esto en la lectura era muy anacrónico. Y la tercera cosa, de esto
me estaba olvidando, es que no iban a hacer una revolución. Y que
iban a esperar la muerte de Franco. Esto no estaba escrito, pero estaba
asumido. Sobre todo por el PeSOE. Ellos tenían un sistema de partidos
que tenían que hacerlo. El único partido que quedaba era
el PeSOE, que era el más organizado de todos. Pero ese PeSOE, había
mantenido la organización fuera de España, prácticamente.
Porque recuerdo que Felipe González dijo “Bueno, los isidoros...”.,
y hablaba a cada rato de los isidoros. Yo no sabía quienes eran
los isidoros, los norteamericanos estaban también en bavia. Fuimos
a almorzar (se interrumpía para almorzar) con Soledad Ortega, que
era quien presidía. Entonces el invitado se sometía más
bien a los extranjeros que éramos los que estábamos ignorando
más cosas, preguntó “¿Algo no entendieron de
lo que se dijo?”. Y yo le dije mirá yo no se quienes son
los isidoros. Y me dijo “Mira, discúlpenme, los isidoros
eran mis seguidores. Porque yo viajaba con un pasaporte que me entregaba
el servicio secreto de Franco, me entregaba el pasaporte para ir a Francia,
con el nombre de Isidoro González. Entonces los isidoros eran mis
seguidores”. Ahora eso ya es público. El servicio secreto
de Franco se lo daba, con la condición de que volviera, por supuesto.
La cuestión era que tenía que volver a España. Hacían
la asamblea afuera, porque por principio no existían los partidos
para Franco, y tenían después que volver. Y Franco era,
como le dijo a Suárez, “mientras yo viva esto no pasa”.
Y estaba francamente en decadencia absoluta. Esperaron eso. Imagínense
el caso de los chilenos con Pinochet vivo. Yo a muchas cosas de los chilenos
las comprendo por esa razón. Ellos tuvieron que pactar la transición
con los militares. Porque el pinochetismo llegó a tener, nos olvidamos,
en un referéndum final 45% de votos. Medio Chile aprobó
en referéndum con voto secreto y obligatorio al pinochetismo. Entonces,
no se puede olvidar lo que era la base social del pinochetismo. En el
caso del franquismo, cuando muere Franco, en el primer sondeo que hace
el Centro de Investigaciones Sociológicas de Madrid (que era dependiente
del gobierno, pero es excelente técnicamente), demuestra que el
franquismo, con Franco vivo, tenía algo así como el 68%
de apoyo social. Y a los seis meses de morir Franco bajó al 6%.
No había más franquismo sin Franco. De todo ese tipo de
datos, de cosas equivalentes quiero decir, nosotros no hicimos previsión.
No hubo un pacto político. No dijeron, bueno, si vamos a construir....
No hubo una idea constructiva de la democracia. No hubo un pacto al estilo
de lo que fue la Constitución Nacional en el siglo XIX. En el fondo
la Constitución Nacional fue el gran pacto político de la
transición. Las palabras que estoy hablando y cito, Alberdi las
tiene escritas en el siglo XIX. Alberdi al proyecto de constitución
de él, le llama constitución de transición. Y en
la última obra que escribe Alberdi en el siglo XIX es “La
República Consolidada”. Las dos palabras claves de la transición
española son tradición y consolidación. Alberdi eso
lo había escrito en el siglo XIX.
Pregunta- Quisiera escuchar una reflexión suya acerca de la crisis
del sistema representativo, y la paulatina aparición de elementos
constitucionales de democracia semidirecta o directa.
Floria- Yo creo que lo que ocurre es lo siguiente... A mí me cuesta
pensar estos temas sin pensar en sistema político entero. Quiero
decir lo siguiente: creo que la crisis de representatividad es una parte
de la crisis de legitimidad de la crisis del sistema político completo.
Me parece que nosotros tenemos que hacernos cargo que estamos construyendo,
o debemos estar construyendo y pensado así, una legitimidad. Lo
que tenemos muy manipulada, con manipulaciones espectaculares, con una
legalidad que apenas hemos cumplido. Hemos manipulado, hemos trastornado,
con las explicaciones que se quieran. Pero esa legalidad ha sido prácticamente
espuria en estos episodios que merecerían todo un análisis
autónomo o relativamente autónomo. Pero yo parto de este
tipo de análisis para empezar (porque no me gustaría dar
una respuesta sin explicar de donde parto. Yo creo que el esquema de análisis
que yo uso es muy sencillo en el fondo y nada nuevo. Yo creo que la primera
percepción que se tuvo del estado y del poder es la fuerza, históricamente
hablando. Vino gente que dijo “¿Cualquier fuerza?”.
No cualquier fuerza. La fuerza gobernada por la Ley. Calificada por la
Ley. El poder necesita ser dividido, porque el poder es monocrático
por definición, tiende a la concentración. Esos son los
liberales políticos, no?. Esto para mí es insustituible.
Si uno borra la tradición liberal, uno produce una grave consecuencia
en la teoría política y en la práctica. Y luego va
a venir gente que dice “¿Cualquier Ley?”. No, no cualquier
Ley. La Ley con sentido para el Pueblo. Y esta es la teoría democrática.
Bueno. Yo creo en esa secuencia. Y tanto creo que ese no es un esquema
fijo, es un sistema en movimiento que parte de dos cosas. Primero: En
política no hay nada definitivo, esto lo dicen los filósofos.
Lo creo totalmente. Se pude progresar y se puede regresar. Esto es clave,
porque sino yo me entusiasmo con el progreso y llego a un coso y me siento
a dormir la siesta sin tener cautela, después viene la regresión.
La regresión va a la fuerza, pasa por la legalidad. Si rompo la
legalidad termino en la fuerza. Que tipo de fuerza es otro tema. Puede
ser poder militar, puede ser la fuerza que quieran. Puede ser la anarquía.
Estamos en el estado de la naturaleza joveciano. Explico todo esto como
contribución de cómo pienso, porque quiero aclarar desde
donde parto. A mí me parece que nosotros hemos estado rondando
las legalidades. De la fuerza que era la dictadura militar pasamos a una
legalidad precaria. Esa legitimidad precaria debíamos haberla consolidado
con una legitimidad un consenso en las reglas de juego, bastante hicimos
en el fondo, en cuanto a que la democracia aparezca como una opción
no discutida. Y nos quedamos un poco en eso, en que no es discutida. Pensando
en que la representatividad, que es la legitimidad de los representantes
estaba funcionando. Pero no estaba funcionando. Entonces, al no estar
funcionando lo que me parece que nos ocurrió estábamos todavía
en una legalidad precaria sin haber llegado a la legitimidad, que es el
óptimo político. Un régimen político legítimo.
El Régimen de Gobierno del Estado, que es la Democracia, en primer
lugar, es un Régimen de Gobierno del Estado; y luego vienen todas
las derivaciones, la democracia social, económica. Pero si yo no
tengo Democracia Política es totalmente inútil que se hable
de las otras democracias o tipos o dimensiones de la democracia. Eso afecta
a una representatividad, que hace que el representante no sea representativo,
que no sea legítimo como representante. Porque en el fondo su rol
no es legítimo porque el Sistema no es legítimo. Doy u ejemplo
práctico, que por lo menos en la universidad me funciona: Si los
Estados Unidos hubiera dependido de la calidad de sus gobernantes, del
tipo personal, estaría en el Tercer Mundo. O por lo menos hubieran
habido montones de casos de desesperación en los norteamericanos.
Hubo casos de una mediocridad conmovedora. ¿Pero que diferencia
tienen con nosotros? Que el rol de autoridad que ocupa ese señor
tiene autoridad por el rol, porque el Sistema el legítimo. Entonces,
aunque el tipo sea un mediocre, se lo respeta porque el tipo es el Presidente.
¿Qué eso es peligroso para los norteamericanos y para el
mundo? Si, lo es. Pero, digamos, se compensa con el juego de los poderes.
El Sistema ha funcionado. Y cuando no ha funcionado bien, como está
ocurriendo ahora, pasa lo que está pasando. Es decir, que en este
momento hay una Democracia bastante autoritaria.
Entonces, cuando nosotros hemos manejado el tema de la Democracia, nos
hemos olvidado que la Democracia de la que estamos hablando es la Democracia
Constitucional. Porque el peronismo gobernante histórico (y creo
que ya no hay disidencia en esto en términos académicos,
si ustedes quieren, de buena fe y también descriptivos) era una
democracia autoritaria, no una democracia constitucional. No que no fuera
democrático. Lo era. Pero autoritaria. Es decir, la dimensión
de Libertad que se combina con Participación e Igualdad, esa estaba
cegada. Entonces, el tema es como hacemos la combinación perfecta.
El óptimo, digamos. Lo que sería una combinación
razonable. Razonable entre la Participación, que es el valor operativo
de la Igualdad, y la competición, que es el valor operativo de
la Libertad. Una democracia competitiva, donde la oposición sea,
no digo constructiva, que sea leal. O sea, responsable, que es la palabra
que técnicamente corresponde. Que responde al Sistema. No que responde
al Gobierno. La palabra Responsabilidad tiene ese sentido. Yo soy responsable
en la medida que respondo a las leyes del juego del Sistema. Nosotros
venimos cambiando las leyes del juego permanentemente. No tenemos lo mejor.
Entramos al primer set de una manera, al tercer set no sabemos a que estamos
jugando y, si embargo, seguimos jugando. ¡Cómo vamos a entendernos
en lo que es el Gobierno, la Oposición, la Oposición Responsable!
Estamos mucho más en el faccionalismo que en el sistema de partidos.
Tenemos que construir el sistema de partidos. Porque hasta ahora es verdad
que no se ha visto que la mediación política pueda hacerse
mejor que con partidos. Pero los partidos deben ser partidos, no facciones.
Y si hacemos facciones volvemos al siglo XIX. Porque al fin y al cabo
ésa es la Confederación Argentina. Y ahora estamos en cierto
remedo de la Confederación, bueno, porque hemos vuelto... Nos hablan
de los feudos. ¿Es un federalismo feudal? Si, porque hemos tenido
una política muy reaccionaria. Con reaccionaria, estoy diciendo,
reactuamos la Historia. Estamos más con la Liga de Gobernadores,
que con lo que en realidad son las posibilidades objetivas de gobernabilidad.
Pero ese es el ’80. Sin los atributos y virtudes del ’80.
Ese es el problema. De manera que todo eso, yo digo, lo tenemos que poner
en debate. Yo creo que no tenemos que ser tan masoquistas, ni al mismo
tiempo tan tristes como para decir “esto no tiene solución”.
En la política, por eso digo, no hay nada definitivo. Así
como no es definitivo el progreso total, tampoco es definitiva la regresión
y la decadencia. Entonces ahora estamos en una declinación, pero
tenemos que remontar.
Pregunta- ¿Puede ser que en esta Caja de Pandora que anda dando
vuelta al mundo, incluida la Argentina, no se haya podido todavía
zanjar (creo que ése es un tema) esas dos fuerzas que tratan de
prevalecer una sobre la otra, pero no se complementan, la política
con la economía? ¿Ese no será también un tema
por el cual la transición va a ser muchísimo más
difícil, y creo que viene de viene desde nuestros orígenes
de la historia?
Floria- No se si viene desde los orígenes. Yo creo que cuando
recién hablábamos del siglo XIX, la Generación del
’80, que siempre se la elogia y al mismo tiempo se opacan los vicios
(ha habido de todo como en la condición humana), tenían
una concepción de la política muy prevaleciente sobre lo
que estaban haciendo, aún en la economía. Si ellos se sometían
a los imperios de la época, lo hacían deliberadamente (“Porque,
Julio, esto nos conviene”, te acordás). Lo que creo es que
efectivamente la economía paso a ser decisoria por el neoliberalismo,
que en el caso nuestro, me parece... No sólo nuestro, pero yo ahí
uso una palabra que los italianos tienen que me parece magnífica.
Ellos llaman liberismos a los liberales italianos. Y liberismos, dicen
los italianos, son los liberales económicos a los que les importa
un bledo la calidad del régimen político. Y estos son los
liberales del régimen político. Entonces, claro, sirven
a todos los regímenes mientras haya liberalismo económico.
Esto no lo hace un norteamericano. No digo que sean perfectos, porque
tienen casos de corrupción fenomenales, espectaculares y están
en este momento realmente preocupados. Pero digo, nunca olvido una vez
una conferencia de prensa de Martínez de Hoz en Estados Unidos,
cuando en una reunión de banqueros (eso está en los diarios
tal cual lo voy a contar) expone la política neoliberal del gobierno
militar. Y entonces, uno de los banqueros le dice “¿Y qué
pasa con lo Derechos Humanos?” ¿Cuál fue la respuesta
de Martínez de Hoz?: “No esperaba una pregunta de esa naturaleza”.
Se terminó la reunión. Esa es la peor respuesta que puede
aparecer. La respuesta del enemigo. El creía que al mundo capitalista
norteamericano ese tema no le importaba. Pero si le importa, aunque fuera
por razones de un buen capitalismo. De manera que yo creo que si hay que
recuperar. La Restauración de la política es una demanda
casi universal en este momento. La carta de los obispos franceses es la
rehabilitación de la política. ¡En Francia! Y creo
que en este caso para nosotros la dimensión es fundamental. Toda
Política tiene su Economía, y tosa Economía su Política,
dice la teoría política tradicional, clásica. Es
cierto, pero la última decisión es política. Si yo
tomo el poder y hago una parte, formo una constelación (esto responde
también a su pregunta, porque es muy clave lo de la representación.
Otro modelo de análisis práctico, diría yo). El poder
está formado por varias estrella: la política, la económica,
la sindical, la militar y la moral. Estoy hablando de viejos modelos,
casi en desuso, pero me parecen muy útiles. Tengo que hacer una
recorrida. Pero que ocurre. Que hay una estrella mayor que es la estrella
política. Ahora, si la última decisión es política,
como esté vestido el que la toma es otro tema. Puede ser desde
una obispo a un militar o un economista, pero si la última decisión
la toma un economista, sépase que es política. Uno de los
temas es que cuando uno toma esa constelación (Y esto va a lo suyo
y a lo que la señora decía sobre las transiciones) yo pondría
una línea separatoria entre lo que sería el poder moral,
que es el poder de la justificación, el poder de la cultura, el
poder de la ideología, el poder del mundo intelectual, etcétera,
que es donde se justifica todo lo demás. Yo puedo ganar una cantidad
de batallas, y acá pierdo la guerra en el poder moral. Porque no
tengo la legitimidad. Ahí es donde se juega la legitimidad. De
nuevo cito anécdotas nuestras, de los diarios en el proceso a los
militares. Massera, y cito un caso paradigmático, dice: “¿Sabe
qué pasa señor Juez? Hemos perdido el poder moral. Y hemos
perdido en la guerra el poder moral”. Y dijo una gran verdad. Creo
que no se dio cuenta. Pero lo dijo, es cierto. Perdieron la gran justificación.
Y ese es un drama fundamental en la política.
Pregunta- Me gustaría que haga un comentario en base a estas nuevas
tendencias y a esta transición que estuvo marcada que estuvo marcada
hacia una democracia más plena, más pura. ¿Cómo
va a influir lo que está ocurriendo en nuestros vecinos de latinoamérica?
Las grandes tendencias que se notan en los vecinos.
Floria- Muy buena pregunta. Yo voy a decir de nuevo que es lo que uno
está pensando en este momento. Esto está en elaboración,
está en discusión lo que voy a decir ahora. Ojo que cuando
yo digo que creo que Argentina no tiene que tener una posición
masoquista, creo que el caso latinoamericano debe ser presentado de otra
manera. Yo creo que la situación de riesgo viene de la precariedad
de los sistemas democráticos, es cierto, pero al mismo tiempo sigue
siendo una zona del mundo. Una zona del mundo menos conflictiva en muchas
cosas que otras, en cuanto a cataclismos, que son las cosas que las grandes
potencias atienden, para bien y para mal. A mí me parece que nosotros
tenemos que entrar a trabajar más bien el tema de sudamérica,
más que latinoamérica. Yo creo que el tema México
lo considero en norteamérica. Caribe es norteamérica. Ellos
también se sienten así en general. Aunque hay una retórica
muy latinoamericana, hay una política y una economía muy
norteamericana en sentido de todo lo que los norteamericanos hacen.
Me parece que nuestro tema, nuestro lugar es sudamérica. Y que
eso solo ya es un trabajo muy complicado. Dentro de sudamérica,
por supuesto, tenemos grandes precariedades. Tenemos al mismo tiempo alianzas
objetivas necesarias. El caso Chile, el caso Uruguay, el caso Brasil.
Son para hacer alianzas objetivas importantes. El caso Colombia es un
caso para mí muy grave (no para mí solo) por lo que puede
implicar la acción norteamericana sobre Colombia. Por lo que puede
implicar la apelación que hace Colombia al Imperio. Hay una categoría
de problemas imperiales, por decirlo así, que se llama La Apelación
al Imperio. En la historia ha habido muchas veces apelaciones al Imperio
de cada momento. Al Imperio Romano, al Imperio Soviético, lo que
fuera. Esa apelación al imperio puede llevar a que hoy, traduzco
literalmente lo que se ve en la literatura anglosajona de estos temas,
de lo que se llama la coalición de los disponibles (sería
una traducción literal de una expresión que se está
usando). ¿Qué quiere decir? Que estén dispuestos
a contribuir a una acción, como por ejemplo ocurrió en esta
última guerra. Es decir, Estados Unidos en el fondo llevo la carga
de toda la guerra, literalmente, prácticamente, salvo la alianza
más directa con lo británicos. Pero al mismo tiempo aparece
mostrando una gran coalición, en la que incluso aparece gran parte
de los países de Europa del Este. Pero es una coalición
de disponibles. Porque en rigor de verdad no hizo más que dar una
suerte de legitimación a la acción militar.
Entonces yo creo que el tema de la cautela democrática, de cómo
vigilar la calidad de nuestras democracias y el tema institucional es
para mí un tema estratégico y de interés nacional.
Y de interés sudamericano. Hay, también, una condición
que me parece debemos nosotros contemplar que es conocer mejor al imperio.
Yo creo que nosotros no conocemos bien a Estados Unidos. Cuando digo que
no conocemos bien, digo que tratamos a Estados Unidos como si fuera una
estado homogéneo. Y es un estado continente, con matices fundamentales.
Donde es realmente un sistema. Y no es solo el presidente, y no es solo
la corte. Es todo eso más el congreso. Y dentro del congreso no
tanto los demócratas y los republicanos, sino los liberales y los
conservadores, que son las líneas que atraviesan realmente los
dos partidos.
Todo ese tipo de matices, me parece que es fundamental conocerlo. No digo
que lo vamos a compartir. Pero ojo. Si nosotros vamos a ser interlocutores,
o queremos serlo, tenemos que conocerlo. Tenemos que, incluso, si hacemos
una crítica interna, hacerla, no digo más moderada, más
inteligente. Es decir, más dentro de lo que puede ser un registro
que aún dentro de los Estados Unidos podamos tener audiencia. Por
ejemplo, en los Estados Unidos hoy, Yale, las universidades más
importantes, algunos grupos intelectuales están proponiendo la
recuperación de las Naciones Unidas a través de, si es preciso,
una suerte de coalición de países democráticos que
puedan hacer propuestas que impliquen contener acciones de guerra. Ojo
que esto trae problemas. Porque quien califica a los países democráticos.
Lo que quiero decir es que en este momento hay un reconocimiento de los
críticos a la estrategia norteamericana tácito de que el
Partido Demócrata ha cedido totalmente el plano internacional a
los republicanos. El Partido Demócrata ha desaparecido del debate
abierto como partido. Está dedicado a los temas domésticos.
Pero no puede permanecer así, en algún momento tiene que
reaparecer la política exterior. Están en esa discusión,
pero hasta este momento hay un silencio absoluto. Hay una manipulación
del miedo en la cual implícitamente hay una responsabilidad tácita.
En forma implícita, no digo en forma perversa. Por el famoso efecto
que está aún explotando Bush, de las Torres Gemelas.
Pero hay una situación económica muy complicada. La globalización
en general está complicándose. Entonces a mí me parece
que el análisis de lo que pasa con la democratización y
que pasa con la globalización es todo un tema del cual yo no tengo
una respuesta responsable. Digo, tratamos de discutirlo y prestarle atención.
Porque no digo que la globalización está haciendo agua;
pero ya no es un fenómeno del cual no se sepan consecuencias nocivas
o perversas, o no deseables. Se saben. Una de ellas es la desigualdad
creciente. Y bien, yo diría que su bien uno va a Hangtington o
lee a gente así... Vas a Toibin. Y Toibin tiene en el estudio de
la Historia un concepto muy interesante, que es el Proletariado Eterno.
El dice que cuando el Imperio de desentiende del proletariado externo,
se va formando un proletariado externo que rodea al imperio. Y el imperio
termina siendo más frágil de lo que creía. Es lo
que le pasa a Italia con la inmigración. Si están acostumbrados
al turismo. Hay una película, yo no soy un cinéfilo, que
se llama “La América”, famosa película, que
en el fondo La América era la Italia de los albaneses. Para Albania
es La América. Le llama La América a Italia. Pero los italianos
no están acostumbrados a lo que es la inmigración. Y son
durísimos, son durísimos. Sartori sacó unos artículos
terribles, casi racistas. Racistas si no fuera un italiano. Bueno, en
el fondo eso, el multiculturalismo es un fenómeno. Pero tenemos
que dedicarle otra noche a eso. Es un fenómeno que me parece muy
simpático como expresión. Pero es totalmente peligroso,
porque multiculturalismo no es lo mismo que pluralismo, más bien
contrapluralismo. Esto es lo que se está comprobando. Es decir,
usando metáforas norteamericanas, con perdón del idioma,
el famoso mailting box norteamericano, que es formidable lo que logra
Estados Unidos en el tema inmigración, salvo el tema negro que
si es una tragedia (La Argentina es probablemente el ejemplo de país
de inmigración histórico más notable del último
tiempo y de alguna manera sigue siéndolo. Eso tenemos que cuidarlo),
está siendo reemplazada por otra expresión que se llama
el salad bowl. Y el salad bowl significa que es una sopa donde está
todo mezclado. El salad bowl es una ensalada donde están todos
lo ingredientes separados. Están por el momento en el mismo plato,
pero no se juntan. Porque el multiculturalismo no es el pluralismo cultural.
Es las pretensión de que los valores culturales de cada grupo cultural
se reconozcan en la Constitución Norteamericana. Está ocurriendo
en Inglaterra. Los jueces están operando claramente. Pero en ese
sentido los ingleses son más expeditivos y claros. Dicen “No,
momentito, nosotros vamos a tolerar positivamente esta inmigración
como ciudadanía británica, pero no todos los valores que
no se correspondan con los valores fundamentales de la nación inglesa”.
Punto. Bueno, esto tiene consecuencias muy importantes. En este momento
hay muchos libros, hace rato que están saliendo, sobre la unidad
nacional. El riesgo de la unidad nacional norteamericana a raíz
del multiculturalismo. Porque es anti pluralista. Este es el descubrimiento,
porque al principio era muy simpático. Porque lo que ello están
diciendo es que no es el tema de los derechos civiles en los años
’60, en que los negros decían “nosotros queremos derechos
civiles igual que los blancos”. No, ahora los negros africanos dicen
“nosotros queremos nuestros derechos para los negros, que son distintos
a los derechos de los blancos”. Eso es en el caso de los negros.
En el caso de cualquier otra inmigración el multiculturalismo lo
que produce es el aliento de valores que pueden ser discordantes con los
de la unidad nacional correspondientes. Esto es en lo que el fenómeno
se está volviendo en Europa, también.
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