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RAÚL ALFREDO GALVÁN

Abogado, docente, senador nacional (MC), diputado nacional (MC); Subsecretario de Interior. UCR 

 

Cuando hace muchos años nos enseñaban economía política en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Córdoba, la cátedra tomaba como referencia al economista y Premio Nobel Paul Samuelson quien decía, en lúcida metáfora, que las opciones que tiene un gobierno en un sociedad carenciada consistían en gastar en “cañones” o “mantequilla”.

Este dilema envuelve el concepto o principio fundamental que lo denominaba el “costo de la oportunidad” y la necesidad de elegir en un entorno de “escasez de recursos”. ”Cañones” (gasto militar), representa la inversión de un país en defensa, armamento, fuerzas armadas y seguridad nacional. ”Mantequilla” (gasto social), representa la inversión en bienes de consumo y bienestar social, como salud, educación, infraestructura y alimentos.

“La política –nos decía el filósofo español José Ortega y Gasset-es tener una idea clara de lo que se debe hacer desde el Estado en una nación”. La política también es una decisión de prioridades.

Desde el atalaya del poder el gobernante tiene delante de sí a la nación. En una idea general la nación es que la misma no es sólo territorio y un conjunto de leyes, es buscar el equilibrio entre la modernización y el progreso con las raíces y la historia del país, un proyecto sugestivo de vida en común, es tener una visión clara para el mañana, es valorar el sentido solidario del esfuerzo de todos, es hacer de la convivencia nacional una realidad activa y dinámica y no una coexistencia pasiva y estática como el montón de piedras al lado del camino.

Hoy la nación atraviesa una de las peores crisis sociales y económicas. Una desocupación vertiginosa que no para, el cuarenta y cinco por ciento de trabajo informal, cerca de cuarenta mil fábricas que van cerrando, la industria y la construcción en caída libre y la morosidad en el pago de los créditos que alarma.

El Presupuesto enviado por el Poder Ejecutivo al Congreso es una triste radiografía  del actual estado de cosas: menos presupuesto para las Universidades y la salud; recortes en el INTA, INTI y CONAE. El rostro sombrío del brutal ajuste lo vemos en el tratamiento que se les dá a los discapacitados,  inferiorizando el debate de un tema  humanitario por excelencia.” A un vil se le conoce en que abusa de los débiles: Los débiles deben ser como los locos para los griegos: sagrados”(José Martí).

El rosario de carencias es mucho más largo, todo el mundo lo siente. Pero hay algo más grave: en la alegoría de los “cañones” el gobierno propicia un programa de una fuerte expansión de los recursos destinados a defensa, ciberseguridad y Ministerio de Desregulación. Miles de millones de dólares en la compra de submarinos, aviones, helicópteros, tanques, más la construcción de una base en el sur del país. Todo esto en tiempos de paz y sin peligros externos de conflictos armados.

Gobierno es la dirección de las fuerzas nacionales de manera que la persona humana pueda cumplir dignamente sus fines, y se aprovechen con las mayores ventajas posibles todos los elementos de prosperidad del país. Es necesaria la defensa nacional, pero antes es necesario resolver la crisis social y económica. El buen gobierno es la equidad perfecta y la serenidad. No sirve tener cañones en una sociedad angustiada por la escasez.

En uno de esos “tiks” nerviosos que tiene el presidente norteamericano Donald Trump ha balbuceado la palabra Malvinas en una entrevista. Fué suficiente para que brotara intempestivamente el nacionalismo del Presidente Javier Milei. El mismo que llenara de loas a la ex primera ministra británica Margaret Tatcher, al dictador chileno Augusto Pinochet y a Estados Unidos, todos cómplices contra nuestro país en la guerra por nuestras Islas Malvinas.

La Malvinas no son una “causa nacional” para una circunstancia política. Es una “causa sagrada”, porque han sido el escenario sublime del combate para defenderlas de nuestros soldados, aviadores y marinos, y la tumba de nuestros héroes: las tumbas son los altares de la paz. Es deber de todos reclamar nuestra plena soberanía sobre el archipiélago y sus islas circundantes, y eso se lo debe hacer “conforme a los principios del derecho internacional”, como manda nuestra Constitución Nacional y de la Resolución Nº 2065 de las Naciones Unidas que propiciara el Presidente Arturo Illia.

Cuesta mucho reprimir las ideas cuando se está frente a un error o desvarío. El Presidente Milei ha proclamado solemnemente que la Nación Argentina es “socia estratégica” de los Estados Unidos. Sólo el Congreso Nacional por sus “poderes implícitos de guerra” puede autorizar una alianza con otros países.

Cuando alguien se asocia con otro pierde su autonomía. En materia política “ las autonomías son de los pueblos, no de los gobiernos; los pueblos son sagrados para los pueblos y los hombres son sagrados para los hombres”, le expresó el Presidente Hipólito Yrigoyen al presidente norteamericano Herber Hoover el 10 de abril de 1930.

El 19 de mayo de 1985 en los jardines de la Casa Blanca el Presidente Raúl Alfonsín enfrentó con firmeza al Presidente Ronald Reagan. En claro mensaje contra la injerencia extranjera expresó:” Vamos a hablar dos presidentes por voluntad de nuestros pueblos. La seguridad y el desarrollo del continente dependen del respeto mutuo y de regímenes consolidados sin tutela externa”.

Sería saludable para la nuestra democracia que el Presidente Milei deje de lado por un momento su odio a esos Presidentes argentinos y aprenda de ellos sus virtudes y patriotismo