JUAN MANUEL CASELLA
Presidente de la Fundación Riardo Rojas.
¿Cómo se inserta hoy la Argentina en el ámbito internacional? ¿Qué papel estamos cumpliendo en el ámbito internacional? porque el papel que Alfonsín le asignó a la Argentina fue coincidir en primer lugar con Latinoamérica, es decir, instalarse como país latinoamericano, tratar de establecer un sistema de relaciones orgánicas con los países de Latinoamérica y darle a la Argentina una ubicación precisa.
¿Qué hace Milei?: adhesión acrítica a un personaje tan particular como es el presidente de Estados Unidos. Trump y Milei se parecen en cuanto a su procedimiento político. Trump y Milei se parecen con relación a su tipo de pensamiento. La diferencia consiste en que Trump es el jefe y Milei es su subordinado y su subordinación es acrítica y más allá de su voluntad: es una asimilación, que pasa por lo ideológico, pero también pasa por lo caracterológico, por la forma de ser. Y ahí tenemos una dificultad, porque detrás de Trump viene Netanyahu, el gobierno de Israel.
Y aquí tenemos a Milei alineado detrás de Trump y asociado con Netanyahu, con lo que implica meterse en un conflicto que no es nuestro, que no debemos tener y que no debemos aceptar.
Por lo tanto, estamos en una situación desde el punto de vista internacional claramente riesgosa. Milei dijo: “estamos en guerra y la vamos a ganar”. Dos errores: Argentina no está en guerra y Trump no la va a ganar.
Ese es el escenario existente. Pero ese escenario tiene otra diferencia que es mucho más peligrosa. Dice la caída del muro de Berlín en adelante se perfiló la aparición de un nuevo protagonista en el escenario internacional desde el siglo XVI, XVII, con la aparición de los grandes estados nacionales, Inglaterra, Francia, España…, los Estados nacionales fueron los protagonistas en el ámbito internacional; antes eran las dinastías. Se acuerdan: hablaban de los Borbones, los Habsburgo. Entonces la centralidad era la de las casas gobernantes, que además no tenían límites geográficos. Carlos V fue emperador en España, en Filipinas…, a partir de instalación de los grandes países unificados, son los Estados los que actuaban en la política internacional.
A partir de la caída del Muro de Berlín (1989) hay un nuevo protagonista que yo vinculo con un concepto que no es mío, que a lo mejor es erróneo, pero te lo voy a transmitir para que ustedes lo analicen: yo hablo de ‘conocimiento apropiable’. Francis Bacon, en el siglo XVII dijo: “el conocimiento es poder”. El que sabe tiene poder. Y el conocimiento, hasta la Segunda Guerra Mundial, era fundamentalmente impulsado por la acción estatal.
En Estados Unidos la mayor inversión en investigación y desarrollo era del Estado norteamericano. Eisenhower, que fue presidente de la República después de la Segunda Guerra Mundial, tiene un mensaje de despedida, cuando termina su segunda presidencia, le habla al pueblo norteamericano para despedirse. Dice: “Ojo con la coalición entre la industria bélica y las Fuerzas Armadas, porque ahí hay un riesgo enorme de perder la libertad”. Lo dice Eisenhower que era un presidente conservador.
A partir de la terminación de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos va perdiendo inversión en investigaciones y desarrollo y se la transfiere a los sectores privados y, por lo tanto, el conocimiento pasa a ser una materia prima, comprable y vendible con la que se acumula patrimonio.
Y aquí aparecen personajes como Elon Musk, o nuestro vecino de barrio, Peter Thiel.
Ambos son millonarios. Peter Thiel es el que más claramente habla y dice: “la democracia es enemiga de la libertad”. ¿A qué libertad se refiere Thiel? A la libertad de los millonarios, pero no la libertad del hombre de la calle, no la libertad del pueblo argentino, del pueblo norteamericano. La libertad para Thiel es la capacidad de gobernar por los que tienen el mayor poder económico. Los que asume Thiel es que, como ellos tienen mucha plata, tienen derecho a manejar el mundo.
Es un planteo antiguo, no es el primero que dice eso. El primero que habló de eso fue Platón en La República, habla del gobierno de los sabios y dice: ¿Por qué un filósofo tiene que ser el que gobierne la sociedad?; Porque el filósofo conoce el bien. El que conoce tiene la obligación, sino el derecho de gobernar, porque saben cuál es el bien para la sociedad que quiere gobernar.
Y ese saber no requiere ley, vale por sí mismo. Lo que dice Platón en esa obra es que gobierne el sabio que sabe lo que es el bien, es el criterio del sabio el que hay que aplicar para gobernar la sociedad. La diferencia con Elon Musk y Peter Thiel es que ellos se fundamentan en el dinero; la posición del conocimiento apropiable y la renta que genera.
El modelo de Platón estaba pensado en función del bien de la sociedad. El planteo de Thiel está fundado en la idea de que yo soy rico, me junto con los otros ricos y gobernamos el mundo porque tenemos derecho. Esa es una actitud claramente reaccionaria que él sintetiza diciendo: “La democracia es enemiga de la libertad” y eso cuenta con el asentimiento del propio Trump. Trump está asociado, Trump forma parte, Trump trabaja para que avancen. Por eso Trump no se puede definir como un demócrata.
Un francés, de características muy particulares, Francis Rabelais. Es un señor raro, un gran talento, era sacerdote y médico. Ejercía la medicina más que el sacerdocio, que creó dos personajes clásicos, Gargantúa y Pantagruel. En una de sus obras, es una carta que Gargantúa padre le escribe Pantagruel, su hijo.
Y en esa carta habla del conocimiento y dice textualmente: “La ciencia sin conciencia no es más que ruina del alma”. Peter Thiel es la ciencia sin conciencia y por lo tanto es muy peligroso porque nos va a arruinar el alma. Esto es lo que yo veo en términos de la ubicación argentina en el plano internacional.
Milei considera un logro que Thiel se haya comprado una casa en el barrio Parque y yo considero que es un desastre para un país que tendría que ser un país soberano, libre y con clara conciencia de que la concentración de la riqueza no es argumento ni político ni moral para justificar el ejercicio del poder.
¿A dónde deberíamos ir en esta situación? ¿Qué debemos hacer? Debemos preservar cuidadosamente el consenso político celebrado el 30 de octubre del ‘83. No me refiero a un resultado electoral. Me refiero a un consenso de defensa de la democracia. ¿Por qué lo digo? Porque yo percibo que un ultraderechista es un riesgo para la democracia y el presidente es un ultraderechista, pero además percibo algunos otros síntomas.
Por ejemplo, percibo que el ministro de Defensa es un general en actividad, que el elenco que lo rodea está constituido por militares en actividad y que además el general, que es ministro de Defensa, concurre a las reuniones de gabinete vistiendo el uniforme militar. Acá hay un propósito. Esto no es, no es ingenuo. No lo hacen porque le queda bien el uniforme. Lo hacen porque quieren decir: los militares con Milei volvemos a tener inserción en el plano político, que el consenso del 30 de octubre lo había impedido. Y esto es grave, porque es poner el plano llenado.
En segundo lugar, también considero grave que, sobre un reclamo cierto, a mi criterio cierto, se oculte la intención de reivindicar el período militar. El que reclama tiene derecho. Pero no me gusta que el reclamo se fundamenta en decir que los que estuvieron en el gobierno militar fueron héroes que lucharon contra el comunismo internacional, porque ahí se pretende justificar ideológicamente un proceso que fue trágico desde el punto de vista de derecho humano. Y si hay un mérito de la nación argentina es haber condenado a los violadores de los derechos humanos a partir de un juicio absolutamente transparente, con pleno ejercicio del derecho de defensa que en 23 meses, en 23 meses, dictó la sentencia más importante que se ha dictado en Derecho penal argentino en toda su historia.
Cuando vemos a Lijo con juicios que arrastra hace 20 años. ¿Pero cómo?: para condenar a las Juntas 23 meses, él necesita 20 años para investigar quién se robó algo en una oficina. Por lo tanto, digo, hay que preservar el consenso político, porque el Estado de Derecho sigue siendo el objetivo para reconstruir el sistema político. Con un sistema político desequilibrado vamos a tener una Nación desequilibrada.
Por lo tanto, hay que volver a establecer la vigencia plena de los partidos políticos. La reconstrucción del sistema político para mí significa reconstruir la existencia de los instrumentos de mediación. Los partidos políticos son instrumentos de mediación, primero en la relación entre el Estado y la sociedad y en segundo lugar, mediación ¿para qué?: para juntar a los que piensan más o menos lo mismo, para armar estructuras políticas donde se apoya el sistema.
Si no hay partidos políticos es muy difícil encontrar esa columna vertebral sustancial que implica la coincidencia de quienes coinciden. Hace falta recuperar la elaboración de un proyecto de mediano y largo plazo que incluya el diseño de un programa de desarrollo. Y ese plan de desarrollo tiene que incluir una política industrial que genere trabajo formal y una reforma impositiva que favorezca la distribución justa del ingreso a partir del funcionamiento eficiente y transparente del Estado.
Largo plazo, proyecto de desarrollo, reforma impositiva.
Las bases de ese mediano y largo plazo deben ser, a mi criterio, la salud y la educación. Partiendo de la salud y la educación para financiar una buena política educativa y de salud, debemos tener un Estado que funciona bien, que además funciona dentro del marco de transparencia y ética.
Lo que debemos lograr también es la revalorización de la moral pública. ¿Qué quiero decir con esto?: Basta de admirar a los vivos. La viveza es buena en una cancha de fútbol. Si yo engaño al defensor y lo esquivo, soy vivo. Pero eso no es para el gobierno y no es para la convivencia social. La convivencia es posible cuando la conducta es previsible.
Yo creo que Argentina va a ser un gran país, va a ser un gran país, creo, en los años 2030, 2040, 2050, va a ser un gran país porque tiene lo que el mundo necesita. Lo que no tiene ahora es una clase política inteligente. Me parece que están faltando. Faltan los grandes hombres, falta hombres de la dimensión teórica de Lebensohn. Tengo una gran admiración por Lebensohn; de la dimensión ética de Illia. Illia me dice: “A mí me molesta que digan que soy honesto. ¿Por qué van a decir que soy honesto?, debo ser honesto; honesto se debe ser. No es un mérito, no me diga que debe ser un mérito”.
