El presidente de la Fundación Ricardo Rojas, Juan Manuel Casella, en una charla de recordación por los 35 años del triunfo de Raúl Alfonsín en las urnas, reflexionó sobre su gobierno y la actual situación del radicalismo, y abogó por presentar candidatos propios en las elecciones de 2027.
No voy a hacer una conmemoración. Voy a hacer una evaluación. Me parece que es más importante a esta altura la evaluación que la conmemoración. Porque han pasado 43 años. El compromiso de nuestro amigo Alfonsín fue “Cien años de democracia”. Han pasado 43 ya cumplió prácticamente el cincuenta por ciento de su promesa.
Y voy a empezar por dos frases que él usaba, no en su discurso, en su publicidad. La primera: ¿Ustedes recuerdan aquel cartel que decía “Más que una salida electoral es una entrada a la vida”? ¿Por qué destaco este cartel? Porque esa frase la diseñó y la redactó Rato y fue un acierto publicitario de primera dimensión, porque colocaba la situación en su lugar. La elección no era una elección para elegir un gobierno, era una opción entre la vida y la muerte.
Y la trascendencia de ese cartel consistía en interpretar un estado de la opinión pública. La gente ya estaba enterada de lo que estaba pasando en el país. Volver a vivir, volver a civilizar a la sociedad argentina.
La segunda frase él si la decía en su discurso, sí me parece importante porque significa un compromiso definitivo. ¿Se acuerdan?: “No podemos actuar como si nada hubiera sucedido”.
¿A qué se refería?: En este país se han violado los derechos humanos y nosotros no vamos a permitir que se violen los derechos humanos. Ahí aparecían los dos componentes centrales del objetivo de su gobierno: el primero fue recuperar la democracia, reconstruir la democracia. Hago un agregado la democracia que reconstruimos fue la democracia política, no la democracia en su sentido integral.
En segundo lugar, al invocar los derechos humanos como objetivo de su discurso, estaba restableciendo también el Estado de derecho, no solamente la democracia, sino además la vigencia de la ley, el Estado de Derecho. Y eso lo cumplió con el juicio a las Juntas, a las Juntas, a los jefes del terrorismo y a López Rega. Este segundo logro del Estado de Derecho quedó legitimado por el juicio.
Cuando se pone en marcha el juicio, que es un juicio extraordinario, tomando en cuenta como procede la justicia argentina habitualmente.
El juicio a las Juntas duró 23 meses. En 23 meses hicieron todo el juicio, convocaron a centenares de testigos y condenaron. Es decir que en ese caso la justicia funcionó y eso legitimó el proceso. A partir de ahí nació un consenso democrático.
Por qué después de seis golpes de Estado, que fueron seis fracasos de reinstitucionalización, este proceso tiene vigencia y se mantiene pese a las crisis, a los sucesivos inconvenientes que hemos vivido. Y yo digo la legitimación del Estado de Derecho por el juicio a la Junta fue fundamental. Pero, además, la conciencia de la sociedad de que habíamos llegado a un límite que nos destruía como nación si seguimos adelante.
Ahí aparece el consenso democrático. Ahora bien, lo que no se consigue es un consenso económico social. Por lo tanto, digo que nosotros reconstruimos la democracia política a partir del concepto de que la democracia no es solamente un concepto político. La República no es solamente un concepto político institucional. Con la República solo no alcanza. La República requiere una forma de producción y distribución de los bienes que sea compatible con el modelo democrático.
Es decir, que abarque a toda la sociedad. Una condición de la República es la igualdad. Una condición de la democracia es la igualdad, pero no la igualdad formal de lo que dice la ley. No es la igualdad ante la ley, sino la igualdad ante la realidad cotidiana, ante la capacidad del consumo. Y eso no lo logramos nosotros. Y la democracia argentina todavía no logró.
El gobierno de Alfonsín puso en marcha una serie de condiciones que eran inéditas también. En algún discurso dijo y yo lo repito simplemente: sin represión, sin presos políticos, sin estado de sitio, sin plan Conintes, sin intervenciones a las provincias, sin intervenciones de los sindicatos. Es decir, un gobierno normal en términos de desarrollo institucional, normalidad que por supuesto era inédita en la Argentina desde el 6 de septiembre de 1930.
Alfonsín cumplió su compromiso, desarrolló la democracia, instaló el Estado de derecho, pero no llegó, pese a que lo procuró, a encontrar la síntesis económica que nos permitiera devolverle crecimiento y desarrollo de los argentinos.
¿Qué pasó con este proceso? ¿Por qué estamos en esta situación? Porque hoy subsiste la democracia, pero tropieza con dos elementos negativos que la perjudican.
El primero, ya lo mencioné: no hay un consenso en materia económico social y el segundo es una grave incongruencia. Hoy la democracia argentina que sigue vigente está presidida por un hombre que no es demócrata. Hay una contradicción entre lo que la sociedad quiere que es la democracia y lo que el presidente quiere que la no democracia. Él lo ha confesado públicamente, lo ha dicho: “Yo soy ultraderechista” y obviamente una definición de esa naturaleza, tan clara y tan precisa, indica un espíritu antidemocrático, más bien autoritario.
Además, el presidente agrega otra cosa que agrava la situación porque no hay consenso económico y social, pero, además, el presidente no es un demócrata, pero tampoco cree en la justicia social.
El presidente ha dicho públicamente que la justicia social es un despojo y en la práctica observamos que acá en la Argentina no existe justicia social y que la realidad económica se convierte en un despojo.
Cae el empleo registrado, crece el empleo negro, cosa que el presidente celebra, el único presidente en el mundo que celebra el crecimiento del empleo en negro.
Cae el Producto Bruto, cae la inversión y si cae la inversión, la distancia con el crecimiento se vuelve permanentemente. Los jubilados, los empleados públicos, los médicos, los maestros están pagando el costo de la vida.
Los últimos datos dicen que el empleo registrado se recuperó en los últimos meses tres o cuatro puntos, pero es el empleo registrado, nada más. El salario promedio de la Argentina sigue cayendo.
Por lo tanto, el presidente que está cumpliendo igual que Alfonsín, es Milei, porque él dijo que la justicia social es un despojo y su política económica establece claramente que no hay justicia social en Argentina. ¿Cómo funciona la política? La política funciona muy mal. ¿Por qué? Porque no ofrece alternativas. Porque enfrente a este presidente que no cree en la democracia pese a presidir la democracia y que no cree en la justicia social, no existe una oposición activa y propositiva que permita enfrentarlo en condiciones de competencia lógica.
Transcripción de la charla y video completo:
«La democracia política funciona cuando el votante tiene alternativa, cuando vota por A, por B o por C, que son cosas distintas, son proyectos distintos. Acá eso no existe.
La oposición está desorganizada, desvinculada de la realidad, encerrada en sí misma cuando existe, cuando todavía sobrevive y por lo tanto no está cumpliendo su función, no está equilibrando el poder. Eso es lo que favorece al doctor Milei, porque si el doctor Milei tuviera una oposición organizada, ya la situación en Argentina sería absolutamente distinta.
¿Cómo funciona el radicalismo? Cuando yo hablo de la oposición y señalo los defectos que la oposición tiene, incluyo al radicalismo. Pero desde el punto de vista personal, sufro mucho más por esa inclusión que por el resto de las críticas.
Nosotros somos responsables de la Unión Cívica Radical. ¿Y cómo está la Unión Cívica Radical? Todos lo sabemos, lo hemos conversado muchas veces dispersa, desorganizada, sin debate interno y sin mensaje para la sociedad.
Es decir, es un partido meramente formal, que no trasciende de una mención circunstancial, en ciertos episodios.
¿Qué hay detrás de esa situación? Hay en el radicalismo, a mi manera de ver, y en forma muy, muy gruesa, hay tres áreas perfectamente diferenciables. La primera área la voy a llamar De Loredo. No estoy personalizando, simplemente se me ocurre la palabra De Loredo para hablar de ese grupo de dirigentes que lo único que busca es tener un cargo a la sombra de cualquier bandera o a costa de cualquier claudicación.
Y esta última no es una frase mía, es una frase de un documento de la Intransigencia y Renovación de los años 40, cuando también aparecieron estos síntomas que hoy estamos viendo. Son los dirigentes políticos que aspiran a un cargo en cualquier condición y que han deformado el orden jerárquico. El orden jerárquico indica que vamos primero de la idea al candidato y del candidato a la candidatura, pero no al revés.
Acá lo que lo que prima absolutamente es la candidatura sin contenido y sin valorizaciones.
El segundo grupo es lo que yo denomino el Grupo Sanz. Tampoco hago ninguna alusión personal, simplemente utilizo una palabra para identificar el grupo. ¿Qué consiste el grupo Sanz? La representación de los intereses del Círculo Rojo; ha dicho públicamente que quiere tener un candidato radical, pero lo que no dijo es que lo quiere para que compitan unas PASO que va a perder, necesariamente va a perder, repitiendo el proceso de 2015, cuando se constituyó Juntos por el Cambio.
La candidata real del Círculo Rojo es Patricia Bullrich.
En el Círculo Rojo prima la intención de que Patricia Bullrich es destinataria del poder. Es lo mismo que hizo Sanz con Macri cuando legitimó la candidatura de Macri a presidente de la República.
¿Con qué resultado se produjo ese desarrollo para el radicalismo?
Macri ganó la interna, como era evidente, y cuando ganó la interna dijo vamos a gobernar los que ganábamos; el radicalismo será parte de una coalición parlamentaria. Y estamos ante un proyecto que es la copia, la repetición total de ese proyecto, de aquella época. Acuérdense cómo finalizó ese proyecto: con el regreso del kirchnerismo al poder cuatro años después.
¿Qué proponemos nosotros?
Proponemos la candidatura de un radical a presidente de la República, de un radical a gobernador de la provincia de Buenos Aires y de un radical a gobernador en cada provincia argentina y un candidato a intendente radical en cada municipio argentino.
Cuando hablamos del presidente de la República decimos tenemos que tener un candidato que compita hasta la primera vuelta. Obviamente, el candidato radical, en las condiciones en que está el partido hoy, no va a llegar a la segunda vuelta. Sería un milagro.
No aceptaría que funcione el mecanismo del sector Sanz buscando una coalición con Patricia Bullrich.
¿Qué posibilidades hay de que esto suceda? Me parece que son pocas las posibilidades que hay, porque la destrucción del aparato político del radicalismo es profunda, el crecimiento del pragmatismo, del individualismo egoísta, también es profunda, no ya el radicalismo solo, sino en todo el sistema político argentino.
Seguramente un observador estaría diciendo: “Casella, vos pecas de hiper optimista”, pero el intento hay que hacerlo. No podemos renunciar a eso porque eso significa renunciar a nuestra personalidad.
Piera Fernández es secretaria del Comité Nacional de la Unión Cívica Radical. En su discurso Piera Fernández dijo: “Tengo 27 años y soy secretaria general del Comité Nacional. Por supuesto, empecé a votar a los 18 años. Desde los 18 años hasta ahora nunca pude votar un candidato radical”. Es una frase simple, muy gráfica, que indica a lo que no podemos renunciar. No podemos renunciar a que un partido político importante tengo un candidato, que pierda o gane, pero que lo tenga, que compita, que lo ofrezco una salida a la gente.
¿Cómo hacemos para lograr eso? Primero hay que interpretar el estado de ánimo de lo que podemos denominar el radical medio, ampliar un poco ese concepto y avanzar a lo que podemos denominar el estado de ánimo del argentino medio, no peronista. El argentino medio no peronista nos dice: ¿y ustedes dónde están? ¿Cuándo aparecen? Está notando la falta de algo. “¿Déjense de embromar, piensen y hagan?
Por lo tanto, tenemos que pensar y hacer.
¿Y qué debe proponer una Unión Cívica Radical?: promover una profunda reforma del Estado, reforma que esté vinculada a lo funcional, a lo ideológico y a la moral.
El Estado debe funcionar bien, tiene que ser eficaz. ¿Por qué a lo ideológico? Porque nosotros somos defensores del Estado. No estamos en contra del Estado como el gobierno actual. Nosotros no somos estatistas, pero somos intervencionistas. Queremos que el Estado intervenga en los procesos económicos, en los procesos sociales.
¿Para qué debe intervenir el Estado?: para igualar, para generar una sociedad que esté relativamente pareja en sus posibilidades materiales.
Y, en tercer lugar, desde el punto de vista moral, obviamente tenemos que tener un Estado transparente.
En ese marco de un Estado eficiente, ideológicamente entendible y transparente, uno de los elementos consiste en incorporar este asunto famoso del equilibrio presupuestario a partir de que, ojo, las condiciones objetivas de la base económica han cambiado. Yo creo que fundamentalmente a partir de Vaca Muerta las condiciones objetivas de la economía argentina han cambiado.
García Vázquez alguna vez nos dijo que el problema de la economía argentina es que no genera los dólares necesarios para el crecimiento sustentable. Crece cuando aparece un precio alto de algo que puede vender. Yo creo que Vaca Muerta, la gran minería y el litio modifica esa circunstancia. Y nosotros tenemos que tener la propuesta económica necesaria para que esos dólares que van a venir terminen sirviendo al desarrollo de la economía argentina, a la búsqueda de la igualdad y a la mejora del sistema de distribución.
El primer objetivo es reformar el Estado en esos tres términos. El segundo objetivo debe juntar salud y educación. Y el tercer objetivo debe estar vinculado con la seguridad, que es un aspecto de la realidad cotidiana. Con ese programa de prioridades el radicalismo tiene espacio, campo y capacidad de desarrollo.
A lo mejor si intentamos con fuerza y tenemos un candidato, logremos que en algún momento el radicalismo se reconcilie, por lo menos con una porción del electorado argentino, que en vez de sacar a los tres o cuatro o cinco puntos de votos que puede sacar en estas condiciones, se convierte en un partido relativamente competitivo y a partir de ahí, volver a darle a la política argentina los contenidos que debe tener: la búsqueda de la igualdad y la libertad garantizada.
El 30 de octubre para nosotros debe simbolizar esto. Nosotros no podemos quedarnos festejando el triunfo de Alfonsín. Tenemos que decir para qué sirvió el triunfo de Alfonsín y para qué no alcanzó el triunfo de Alfonsín.
Es importante ganar las elecciones, pero no se debe pagar cualquier precio para ganar las decisiones, porque cuando pagas un precio excesivo y después tenés que gobernar, el precio excesivo te cobra intereses muy altos.
La autenticidad del planteo tiene que estar por encima de la especulación electoral».
