En la plataforma intelectual europea Le Grand Continent, dedicada al análisis profundo de política internacional, geopolítica, economía y pensamiento estratégico contemporáneo, aparece una nota sobre “el triángulo del litio”, que pone la mirada sobre la Argentina.
Con la firma de Clement Fontanarava señala que los tres principales países productores de este recurso decisivo —el litio— están ahora gobernados por figuras que han hecho de su cercanía a Donald Trump un elemento decisivo de su trayectoria política: Javier Milei en Argentina desde 2023, Paz Pereira en Bolivia desde 2025 y Kast en Chile desde hace un mes.
En una entrevista que Fontanarava le realiza a Thea Riofrancos, una politóloga, académica y pensadora contemporánea enfocada en la relación entre crisis climática, recursos naturales y política global, desmenuza el tema del litio en la Argentina. Y también de Chile y Bolivia.
Riofrancos destaca que más de la mitad de las reservas mundiales de litio se concentran en tres países, dentro de lo que se conoce como el «triángulo del litio», una vasta meseta desértica en la Cordillera de los Andes que se extiende desde el norte de Chile y Argentina hasta el sur de Bolivia.
Riofrancos dice que al igual que en el resto del mundo, Estados Unidos ya no ocupa una posición hegemónica en América Latina. Esta nueva rivalidad geopolítica coloca a los países del Sur en una situación ambivalente —a la vez restrictiva y, en ocasiones, ventajosa— en función de sus estructuras de exportación, sus necesidades financieras y sus vínculos comerciales. Otros actores del Norte, como Canadá, tienen importantes intereses mineros en la región, mientras que China ha reforzado considerablemente su papel en numerosos ámbitos.
Pone de relieve que en tres ámbitos claves, el comercio, el crédito y las inversiones extranjeras directas, China ha reforzado considerablemente su presencia. Ahora es un destino importante para las exportaciones, una fuente esencial de importaciones, un importante proveedor de préstamos y un inversor de primer orden, especialmente en Argentina, Bolivia y Chile. Por lo tanto, resulta totalmente irracional que estos países pongan en peligro sus relaciones con Pekín, sobre todo en el contexto mundial actual.
Los considerables recursos militares de Estados Unidos se dispersan de forma desordenada en varios frentes, mientras que el apoyo interno a la política exterior de Trump se desmorona, lo que hace que cualquier apuesta por su continuidad a largo plazo resulte especialmente arriesgada.
La politóloga, profesora de Ciencias Políticas en Providence College (EE.UU.), pone de relieve que teniendo en cuenta los cambios geopolíticos y económicos en curso, China debería salir reforzada de los próximos años, tanto en el plano económico, político y energético como en el diplomático. Por el contrario, Estados Unidos se enfrenta a retos internos y externos. Sería arriesgado para los países de América Latina reducir sus vínculos con China en favor de un acercamiento a Washington.
Fontanarava le pregunta a Riofrancos si Argentina reducirá sus acuerdos con China, ante el alineamiento con Estados Unidos y su respuesta es:
Efectivamente, en Argentina, la discrepancia es especialmente clara. Javier Milei ha firmado un acuerdo comercial que favorece a las empresas mineras estadounidenses, explícitamente en detrimento de las economías consideradas «manipuladoras» —en el fondo, China—, aunque a su vez se podría calificar fácilmente a Estados Unidos de manipulador del mercado, dada la injerencia de Trump en Sudamérica.
Pero esta orientación choca con una realidad más contundente: la presencia china se ha intensificado rápidamente en estos sectores clave a través de inversiones ya comprometidas y arraigadas en activos duraderos.
Hay una razón estructural. No es seguro que estos acuerdos supongan un aumento de las inversiones estadounidenses, ya que las empresas chinas son muy activas en las cadenas de suministro de litio. Por otra parte, el acuerdo no prohíbe las inversiones chinas, se limita a desalentarlas, mientras que las autoridades provinciales conservan su autonomía.
Hay, además, -agrega Riofrancos- una razón más específica. La gobernanza del litio en Argentina es interesante porque el sector no está regulado a nivel nacional. El país es, en efecto, un Estado federal en el que las provincias desempeñan un papel clave. Algunas son especialmente importantes para la extracción de litio, en particular las situadas cerca de Chile y Bolivia, en la región de la meseta andina.
En la década de 1990 se puso en marcha una política para descentralizar la gestión minera del gobierno federal. Esta reforma formaba parte de un programa neoliberal más amplio, basado en la idea de que la gestión local sería más eficaz. En consecuencia, cada gobernador administra las reservas de litio de su provincia y se encarga de la negociación de contratos e inversiones con empresas extranjeras.
Este sistema es poco eficaz para la gestión de los recursos naturales, ya que crea una asimetría de poder y de conocimientos entre las autoridades locales y las multinacionales mineras.
Esta nueva rivalidad geopolítica coloca a los países del Sur en una situación ambivalente —a la vez restrictiva y, en ocasiones, ventajosa— según sus estructuras de exportación, sus necesidades financieras y sus vínculos comerciales.
Le pregunta es sobre los efectos concretos de esta competencia entre los territorios argentinos y la respuesta de Riofrancos – directora estratégica del Climate and Community Institute, un think tank centrado en transición energética- es: Esta estructura ha dado lugar, en particular, a una forma de dumping en la que las provincias compiten entre sí para atraer inversiones. La competencia crea un entorno de desregulación.
Recordó que, en 2023, en la provincia de Jujuy, se produjeron violentos enfrentamientos entre el gobierno provincial y las comunidades locales después de que el gobernador intentara debilitar las normas medioambientales y los derechos de los pueblos indígenas.
Además, bajo la anterior administración de Alberto Fernández, hubo algunos intentos de replantear la gobernanza del litio, en particular debates sobre la centralización, la nacionalización o la creación de empresas públicas, siguiendo las tendencias de otros gobiernos de izquierda en la región. Estos esfuerzos no se concretaron plenamente y Milei ha abandonado ahora esa política.
Con Milei en la Casa Rosada asistimos al mantenimiento de un statu quo negativo que, no obstante, va acompañado de algunos cambios: la escala de la gobernanza sigue siendo la misma, pero la orientación del país y las relaciones comerciales están cambiando.
Milei ejerce influencia en las políticas nacionales, especialmente en materia de comercio y relaciones internacionales. Se ha podido observar hasta qué punto se alineaba con la administración de Trump, que proporcionó apoyo financiero directo a Argentina.
En cambio, en Chile el sistema de gobernanza difiere del argentino, ya que está fuertemente centralizado. Esto confiere al gobierno nacional un control mucho mayor sobre la política minera.
El actual gobierno de extrema derecha, liderado por José Antonio Kast, ya ha comenzado a implementar cambios significativos, especialmente en materia de gobernanza medioambiental. Pero su popularidad ya ha caído a raíz de la crisis de precios relacionada con la guerra en Irán. De hecho, Kast ha declarado que no aliviará la situación de la economía y la población controlando los precios, a diferencia de lo que se observa en cierta medida en el Sudeste Asiático y en Europa.
En Chile, destacó la politóloga, hay un acuerdo previsto con Estados Unidos, cuyos detalles aún no se han hecho públicos; prevé ventajas para las empresas estadounidenses que deseen invertir en Chile. La mayor empresa de litio del país ya es estadounidense, pero la otra es chilena y muchos otros actores extranjeros también tienen intereses en este sector de la economía nacional. Queda por ver si las empresas estadounidenses invertirán como se ha prometido y comenzarán a explorar el suelo chileno.
Le pregunta a Thea Riofrancos sobre la situación en Bolivia. Y respondió:
El gobierno de Octavio Paz es mucho menos extremista que los de Kast y Milei. A pesar de la controversia que suscitaron, el gobierno ha mantenido los acuerdos relativos a la gestión del litio firmados por la administración anterior con empresas rusas y chinas. Esta decisión sugiere un enfoque menos alineado, lo que refleja una tendencia más amplia entre los países del Sur que buscan equilibrar sus relaciones con varias potencias en lugar de alinearse exclusivamente con una sola.
En cuanto a si existe entre los dirigentes de derecha de América Latina un discurso medioambiental capaz de encontrar eco entre una parte del electorado, la respuesta de la politóloga -quién escribe para The New York Times o The Guardian- es que las cuestiones de la transición energética no están muy politizadas. Los indicios de una intensa «guerra cultural» en torno a las energías renovables que se observan en otras regiones son menos evidentes aquí. En cambio, algunos países de América Latina, como Argentina, dependen en mayor medida de los combustibles fósiles, en particular del petróleo y el gas. Milei no tiene intención de cambiar esta situación.
Thea Riofrancos destaco además que la crisis actual podría acelerar la transición hacia las energías renovables, ya que pone de manifiesto la volatilidad y los riesgos asociados a los combustibles fósiles.
La demanda de litio sigue siendo fuerte. Los vehículos eléctricos son su principal motor. Aunque el crecimiento de esta demanda se está ralentizando en Estados Unidos debido a la política de Trump, observamos en Europa, Asia y África un aumento de la movilidad eléctrica.
En el mercado del litio, otros sectores mucho más en sintonía con la política de Trump están cobrando importancia. Uno de ellos es el sector militar, ya que la guerra moderna depende cada vez más de las baterías de iones de litio: los drones son solo uno de los muchos ejemplos de sistemas para los que son indispensables. Los utilizados por Irán o Ucrania no podrían funcionar sin ellas.
Además, observó, los centros de datos constituyen otra fuente de demanda en plena expansión, ya que requieren sistemas de almacenamiento en baterías a gran escala. En Estados Unidos, por ejemplo, parte de la producción de baterías se ha desviado de los vehículos eléctricos para orientarse hacia los centros de datos. Este cambio refleja la evolución de las prioridades políticas.
Los centros de datos solían depender en mayor medida de generadores diésel para el suministro de emergencia. Hoy en día, se observa una transición creciente hacia los sistemas de baterías. Aunque inicialmente hubo inquietudes sobre la seguridad y la fiabilidad de las baterías de iones de litio, estas tecnologías se están adoptando ahora a mayor escala.
Al mismo tiempo, el mercado del litio se ha caracterizado por una fuerte volatilidad. Si bien en los últimos años la oferta ha sido relativamente abundante, lo que ha mantenido los precios a un nivel bajo, hoy en día empezamos a observar un cambio de tendencia. La demanda está aumentando ahora más rápidamente que la oferta.
Analizó además que, desde hace siglos, el papel de América Latina en el sistema mundial está marcado por la extracción de recursos y los intercambios desiguales: los países de la región han exportado materias primas e importado productos acabados.
Se han realizado intentos para salir de este esquema. Entre los años 1930 y 1970, numerosos gobiernos pusieron en marcha estrategias de desarrollo. Más recientemente se han realizado nuevos esfuerzos para promover la industrialización y reducir la dependencia. Hoy en día, líderes como Lula en Brasil y Sheinbaum en México también llevan a cabo políticas industriales.
Bajo el mandato de Trump, sin embargo, Estados Unidos ha adoptado una política exterior aún más brutal, violenta, explícita y transaccional que en el pasado. Esta refleja una forma de poder más directa y coercitiva. En ciertos aspectos, recuerda algunos períodos de injerencia continua de Estados Unidos, política a veces calificada como «diplomacia de las cañoneras».
Históricamente, Estados Unidos ha intervenido en América Latina para asegurarse el acceso a los recursos y apoyar a gobiernos amigos.
Sin embargo, la situación actual difiere del pasado en un aspecto importante: los países de América Latina disponen de más alternativas.
Pueden establecer relaciones con China, con otras economías emergentes, así como con socios regionales o europeos. Esta diversificación podría ofrecer cierta protección frente a las presiones unilaterales ejercidas por Estados Unidos.
