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JUAN MANUEL MAGLIANO

Economista, fue secretario de Comunicaciones de Raúl Alfonsín 1987/89 y secretario ejecutivo de la Auditoría General de la Nación 2007/2015 durante la Presidencia de Leandro Despouy.

A pesar de los continuados pronósticos oficiales sobre una pronta visualización del crecimiento económico con aumento del bienestar general, la realidad cotidiana para los sectores del trabajo, ya sean de la clase “obrera”, la “media”, los “independientes” o “cuentapropistas”, etc.,  y aún del sector empresario con exclusión de los vinculados a las actividades “extractivas”, indica lo contrario; encontramos un persistente estancamiento o aún recesión, caída del ingreso disponible, del empleo, cierre de empresas, en fin, pérdida de bienestar.

Aún frente a ese escenario económico donde lo único que manifiesta el gobierno en calidad de logro significativo de su gestión es una cierta disminución de la tasa de inflación, aunque todavía en el orden del 30% anual, el oficialismo parece mantener un porcentaje importante de adhesiones en términos de apoyo electoral. Por supuesto en esa visión material se pretende dejar de lado el deterioro institucional, la constante vulneración de la división de poderes, de la independencia de la Justicia, del orden federal en la distribución de recursos, la cooptación de sectores de la oposición, la pérdida de intensidad democrática para decirlo de un modo general.

Desde ya aquella baja inflacionaria obedece a varios factores, algunos que tienen que ver con la política explícita del gobierno en materia monetaria y fiscal, pero otros con el efecto del deterioro del nivel de ingresos que corroe la demanda efectiva en un contexto de estancamiento o como decimos, quizás hasta recesión.

Del otro lado, no hay duda que no teniendo nada nuevo que ofrecer aquella adhesión al gobierno se desgasta, pero aun así no surgen alternativas atractivas para el sentir de la población ante el comprensible rechazo que genera la alternativa de un peronismo que sigue sin renovar su liderazgo.

En tanto, en lo que hace a la Unión Cívica Radical, se mantuvo la especulación acerca de en cuál acuerdo electoral podría inscribirse para mantener un papel activo y visible en el escenario político nacional, amén de las presencias provinciales y municipales, especulación que en algunos casos se aleja de los principios del ideario propio del partido centenario.

Ahora bien, en estos días las otras grandes corrientes presentes a nivel global ya han plantado sus posiciones, que genéricamente parecen excluyentes.

Por un lado, el conservadorismo o para decirlo en términos simples, la derecha en sus variantes oficialista cuasi totalitaria y del macrismo con mayor tinte democrático, ha puesto en claro su voluntad de un acuerdo electoral, el cual si bien no excluye otros posibles aportes deja en claro que su programa económico y social será el mismo que se ha puesto en práctica, o incluso más agresivo respecto de sus fundamentos, es decir la economía extractiva y la destrucción progresiva del estado de bienestar (salud y educación pública, pasividades, asistencia social, etc.).

Del otro lado, el peronismo hizo lo propio en términos de unidad conceptual, dejando de lado toda crítica a los sectores responsables del atraso de los últimos 20 años en el marco de una señalada corrupción como producto principal de su gestión de gobierno, y más todavía, ha vuelto a encumbrar los liderazgos de las principales actores de ese fracaso en el pasado reciente.

Estos movimientos previsibles de esos dos sectores políticos han dejado en alguna medida al descubierto que aquellas intenciones acuerdistas con distintos sectores ajenos al ideario social demócrata y nacional que postula la Unión Cívica Radical no tendrían posibilidad de prosperar, al menos claro que se renuncie a los principios y se busquen prebendas y posicionamientos personales con aquellas dos variantes del populismo, se presenta éste como derecha o como izquierda.

Es muy posible que haya corrimientos de tránsfugas que prefieran una opción que presente una promesa electoral inmediata, pero se entiende que la mayoría del sentimiento radical así como de buena parte de la población, exige una alternativa clara a esos populismos que no renuncie al progreso con justicia social, reafirmando al mismo tiempo los principios democráticos, de vigencia de las libertades, de la independencia de poderes y de fortaleza de las instituciones, del federalismo y de la solidaridad que postula la vieja pero aún vigente Unión Cívica Radical.

El modelo económico en práctica, que no tiene en cuenta los efectos del tipo de cambio real sobre la actividad económica interna y que solo apunta al despliegue de las actividades “extractivas” primarias, que por supuesto tienen un rol clave que cumplir en el desarrollo argentino pero que no debe ser excluyente del resto y muy en particular de la industria, la construcción y los servicios generadores de empleo, puede eventualmente prosperar, aunque existan serias dudas al respecto, pero no tiene posibilidad de dar respuesta a las necesidades de progreso de la población.

El mismo presidente de la República ha pronosticado que tal circunstancia, es decir el progreso general, debería aguardar 50 años para ser realidad, lo cual implica varias cosas. Algunas visibles de inmediato, como lo sería el sacrificio de no menos de dos generaciones; otras apenas ocultas pero obvias, en definitiva, como que al cabo de dos períodos completos de gobierno no podrán juzgarse los resultados de su gestión, que se autoproclama la mejor de todas.

Quien escribe no es un político territorial, dirigente de base o líder popular como para lanzar propuestas programáticas y postular alianzas, acuerdos, etc., pero como militante “técnico” me permito advertir a quiénes ocupen aquéllos roles tan necesarios y que hacen a la esencia de la actividad partidaria, que es momento de volver sobre las bases doctrinarias, rescatar una vez más los principios de la moderna social democracia y buscar tales afectos en otros sectores o partidos políticos, aún dentro de aquéllos cuyos dirigentes más conspicuos hubieran tomado otras posiciones, siempre que como le gustaba decir a Raúl Alfonsín “piensen parecido” y estén dispuestos a articular una auténtica alternativa democrática y progresista, si se quiere de izquierda, que rescate la necesidad de un crecimiento económico y un progreso social sostenidos, donde los sectores hoy dinámicos trasmitan su apoyo al desenvolvimiento general y no se constituyan en “enclaves” dentro de la Nación, y todo ello en el contexto de un sentido respeto en la práctica por las instituciones y por el diálogo y la voluntad de consensos que debe caracterizar a una democracia moderna, con todos sus componentes, transparencia, control, gestión honesta, participación, respeto por la ley y el orden.

Y como me he permitido sugerir en el título de esta nota, hay una oportunidad para que este tipo de programa concite la atención y el apoyo generalizados, con un desarrollo más detallado y preciso, incluyendo la necesidad de un reposicionamiento internacional del país, por solo citar una cuestión estratégica clave.

Y esa oportunidad proviene del desánimo colectivo frente a la realidad cotidiana, al tiempo que tampoco desea esa mayoría el regreso a los gobiernos de los Fernández y del populismo seudo izquierdista que desembocó en el atraso general, el “pobrismo” como método de dominio de los excluidos y una inflación galopante, por solo citar algunos rasgos críticos del pasado reciente.

La alternativa social demócrata debe enaltecerse y explicitarse seguramente con el lenguaje y los medios que aquellos dirigentes con capacidad territorial, liderazgo y llegada a la población, deberán utilizar en la comunicación. Comunicación en la que deberían estar presentes las nuevas personalidades jóvenes del radicalismo, tales como el Diputado Pablo Juliano, la dirigente de la Juventud Antonela Moreno, posiblemente también el presidente partidario Intendente Leonel Chiarella, amén de aquellos gobernadores, notablemente Maximiliano Pullaro, que decidieran proyectarse más allá de sus provincias.

Es en el marco de la Convención Nacional que debe tramitarse, en el sentido de su propuesta y aprobación, este tipo de acuerdo o cualquier otro que tuviera lugar, pero con el temple necesario para no dar lugar a iniciativas espurias que abandonen los principios en favor de beneficios personales o meras conveniencias electorales. Desde ya en tal caso, será mejor que se rompa pero que no se doble la Unión Cívica Radical.