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JUAN MANUEL CASELLA

Presidente a la Fundación Ricardo Rojas 

Crisis moral y la crisis conceptual, moral y cualitativa del sistema político.

Partimos de la definición del presidente. El presidente no vaciló. El primer día se definió como un ultraderechista con el sentido que tiene ser ultraderechista en el mundo, no solamente en Argentina. La ultraderecha es, por supuesto, una propuesta de carácter autoritario, claramente antidemocrática. Por lo tanto, el presidente de la República se definió a sí mismo como una personalidad no democrática. 

A esta altura de su mandato, tengamos en cuenta que ahora Miley va a cumplir dos tercios de su mandato total. Es un gobierno avanzado, ya hoy es un gobierno avanzado. Queda evidente que el ajuste no lo pagó la casta. Al contrario, la casta se está recuperando rápidamente. Aparece una nueva casta integrada por personas provenientes de la anterior Bullrich, Guillermo Franco, Scioli, Santilli, los hermanos Menem y numerosísimos segunda línea de esa misma vieja casta.

 Entonces, lo que está haciendo el gobierno es formar su propia casta. Tema de Libra, el tema del 3%, de la hermana… Además, el grave problema de la designación de Mahiques como ministro de Justicia; Mahiques no es ministro de Justicia, es un ministro de la Impunidad, Mahiques ha sido designado para garantizar la impunidad del presidente y de su hermana. Por lo tanto, ahí tenemos un grave problema al que tenemos que prestar atención porque lo vamos a heredar.

El sistema político está fuertemente desequilibrado desde otro punto de vista, porque el Milei es ultraderecha, es decir, derecha extrema.

La otra fuerza política que aparece en el escenario es Macri del PRO.  Macri es un proyecto, a mi criterio, de tipo conservador, clásico, que también es la derecha; no es ultraderecha, es una derecha relativamente republicana, pero es derecha. Y en el platillo de la derecha un montón de peso y en el platillo del otro lado no hay nada.

 Y este no es un problema de Milei. Milei aprovecha este problema, pero no lo crea él. Acá hay una enorme responsabilidad nuestra. Somos nosotros los que no hemos tenido ni la creatividad, ni el coraje, ni la honestidad de proponerle a la sociedad un camino distinto. Por lo tanto, hay un platillo que está vacío. Esa ausencia, reitero, no es culpa de Milei.

Milei la aprovecha y la aprovecha en sintonía con lo que se puede nominar genéricamente la polarización. Milei tiene como objetivo de la crítica permanente al kirchnerismo; y también tengo al kirchnerismo como objeto de crítica, pero no quiero polarizar, no me gusta la polarización. No creo que en un sistema político adecuado partir de la polarización. ¿Cómo funciona el kirchnerismo?

 El kirchnerismo, no digo el peronismo, digo el kirchnerismo tiene un objetivo fundamental que es lograr el indulto a Cristina Kirchner, es encontrar un camino que le permita a Cristina quiere asegurar su libertad personal.

 ¿Y qué pasa con el radicalismo?: el progresismo, en este marco de derecha, y de derecha ultra, de derecha conservadora, el progresismo no está presente. El progresismo carece de representación política en la Argentina de hoy. 

Ese espacio, en gran medida que pretendió ser ocupado por Alfonsín con la consigna que identifica al radicalismo con la socialdemocracia y abrió una propuesta progresista; una propuesta progresista moderada, Una propuesta progresista, razonable, pero una propuesta progresista. 

Y el radicalismo padece una crisis existencial. Hoy el radicalismo no que existe en los diarios, no existe en la opinión pública, no existe en el debate político y no existe en la ejemplaridad. 

El radicalismo incluye hoy un sector importante de su dirigencia que adhiere a una deformación de la praxis política argentina. Esa deformación de la clase política es el egoísmo calculador. Hay toda una categoría de dirigentes radicales, -yo tendría que decir exdirigentes radicales-, que adoptó una actitud de especulación buscando el camino, la diagonal que lo llevara a algún cargo, a algún lugar en el Estado. 

Y eso a costa de definir como anacrónico cualquier límite principista. Esto lo digo por experiencia personal. Alguna vez me encuentro con gente que me dice que hay que hacer una alianza del radicalismo con Milei. Me dicen: la política ya no se hace así. La política ahora se hace de otra manera. Claro, lo que quieren decir ahora los principios son anacrónicos, no sirven, son una antigüedad. 

Simultáneamente, también dentro del radicalismo, se reavivó un sentimiento ‘gorila’, un antiperonismo visceral que contradice lo que para mí constituyó uno de los ejemplos de autenticidad política más grande de los que he visto: Ricardo Balbín dio un paso central para consagrar la unidad nacional. Me acuerdo la frase: un periodista le dijo: usted estuvo nueve, diez meses preso en Olmos y Balbín la respondió: Me olvidé. Me abracé con Peron, me olvidé, terminado. 

Estos dirigentes vuelven al pre-Olmos, con una reacción visceral de antiperonismo. Por eso me pasa muy a menudo con radicales también. Me dice: ¿qué queres que votemos a Kicillof?  Yo no les digo a quién tienen que votar. Les digo que el concepto de unidad nacional sigue siendo un concepto central y valioso en la Argentina, porque aún no logramos la unidad nacional si tenemos un 36% de la población viviendo en la pobreza y si tenemos un nivel de trabajo en negro como el que tenemos.

Sin ideas, sin debate, sin opinión y sin respeto por los límites éticos, la UCR no sirve para nada. Es decir, la política argentina pierde de esta manera un instrumento histórico que cometió errores, tuvo contradicciones y claudicaciones, pero que en el saldo final de 130 años, le dio resultados muy positivos a la Argentina.