Transcripción textual de una charla del presidente de la Fundación Ricardo Rojas, Juan Manuel Casella, con dirigentes radicales:
«La política argentina se está complicando con mucha velocidad. Milei dice “la política económica es esta y no me voy a mover de acá”.
Acá hay una brecha creciente entre lo que la gente siente, entre las imposibilidades que la gente tiene para satisfacer sus necesidades básicas y lo que el gobierno piensa como política económica que debe ser sostenida.
El nivel de mora en el pago de los créditos, la deuda, incluso los alquileres, las expensas, abarca por lo menos seis millones de personas y está en crecimiento permanente.
De manera que acá hay una situación objetiva que demuestra la inexistencia de capacidad de pago por sectores cada día más amplios de sociedad.
Ayer en el discurso que hizo en defensa de su política, el presidente dijo que no había desocupación porque aumentaba el trabajo en negro. Es un argumento que es absolutamente absurdo. El crecimiento del trabajo en negro en detrimento del trabajador registrado, es un retroceso en términos sociales de notable importancia.
Entonces me parece que estamos mal, el gobierno está mal, el gobierno no tiene consistencia, no tiene conducción clara. Karina (Milei) intenta manejar con una mirada de respuesta política tradicional, pero tampoco tiene demasiados elementos.
Y me parece a mí que lo que falta es una oposición seria que plantea una alternativa.
Acá el problema del país, desde el punto de vista del oficialismo, ya está muy bien definido.
Ellos no van a cambiar nada porque no tienen otra cosa, porque además dependen de los intereses que defienden. Yo nunca me olvido que el señor ministro de Economía no es un ministro de Economía, sino que es un trader, es un promotor de negocios financieros, que cobra comisión cuando arregla un negocio, entonces es muy difícil que se aleje de ese asunto.
El grave problema de la Argentina de hoy es la inexistencia de una oposición seria. ¿Ustedes se acuerdan que yo lo vengo diciendo hace rato? El problema no son ellos, el problema somos nosotros, porque a nosotros tampoco se nos ocurren ideas, tampoco tenemos en claro dónde debemos ir.
El radicalismo está destruido como estructura nacional. Debo reconocer que el presidente del Comité Nacional (Leonel Chiarella) está haciendo esfuerzos por reubicar al partido.
Lo respeto. Es una persona que me gusta, me gusta desde el punto de vista individual. Creo que es un buen radical y tiene por encima la ausencia de un partido nacional.
Yo creo que la prioridad para los radicales es el radicalismo. Hoy la prioridad para los radicales es el radicalismo, reconstruir el partido, devolverle presencia política.
Hay un modelo político nacional que está totalmente desequilibrado.
Este es un momento de desequilibrios importantes en la Argentina. Hay un desequilibrio social notorio, hay mucha gente que no puede comer, especialmente los grandes sectores urbanos; en el AMBA, en Córdoba y en Rosario el problema es grave. La gente que no puede no puede llegar a fin de mes, se endeuda cada vez más, restringe cada vez más su nivel de calidad de vida.
Pero, en segundo lugar, hay un problema de desequilibrio político. Acá tenemos estructurado un modelo ultraderechista, que es el gobierno. Tenemos al lado del gobierno de ultraderecha a Macri, que es la derecha conservadora tradicional, pero del otro lado no hay nada, sigue sin haber nada.
El espacio progresista está absolutamente vacante y eso es una omisión de la Unión Cívica Radical, porque el peronismo no tiene ni voluntad ni ideas para ocupar el espacio progresista en esos términos.
El peronismo tiene hoy un objetivo central que es la libertad de Cristina (Kirchner). Alrededor de eso gira todo, entre los que están con Cristina, los que quieren abandonada porque es un peso muerto. Pero, además, el peronismo ha dejado de ser el partido de la justicia social y entonces ahí hay otro desequilibrio, no hay una propuesta social seria.
Ojo que esto afecta el Estado de Derecho, no solamente el sistema político. Afecta a la democracia y el Estado de derecho. Yo estoy insistiendo mucho en este sentido. Lo que (Raúl) Alfonsín logró en el ‘83 fue restablecer la democracia por un mecanismo muy claro. Cuando Alfonsín gana las elecciones del ‘83, el peronismo acepta la derrota y a partir de la aceptación de la derrota, queda incorporada al modelo.
Lo incorporó con su propia personalidad, con el verticalismo, con el autoritarismo de fondo. Y, en segundo lugar, con el juicio de la Junta (militar), a la Juntas, a los terroristas y a López Rega. Lo que logra Alfonsín es restablecer el Estado de Derecho, darle a la sociedad la sensación de que el que las hace las paga. Bueno, eso está en riesgo y todo eso está en riesgo.
Primero, porque el modelo político está fuertemente desequilibrado, porque no hay representación seria de los sectores progresistas. Y en segundo lugar, porque el Estado de Derecho está cuestionado cada día más con un gobierno que expresa mayores deformaciones en el campo institucional.
La situación es complicada porque es difícil salir de esta dinámica de retroceso.
Entre otras cosas -no quiero agredir a nadie-, pero la calidad de la dirigencia política actual es absolutamente inferior a la que teníamos hace 20 años atrás. Entonces, hay falta de recursos intelectuales, además, con una falta de lealtad con la idea central. Los radicales siempre tuvimos la condición de seguir siendo radicales a pesar de la derrota. El individualismo egoísta se ha impuesto como política.
Cuando se habla de estabilidad no debemos hablar solamente de la estabilidad monetaria, de la estabilidad económica, tenemos que hablar de estabilidad política y acá es imposible determinar a priori qué van a hacer los dirigentes.
La figura de (Mauricio) Macri es muy clara en ese sentido. El otro día se reunió con Karina Milei. Demuestra que, en su conciencia, en su interior, Macri persigue dos cosas: primero, conservar la capital (CABA) a cualquier precio.
Y, segundo, sus ideas económicas coinciden con el modelo económico que plantea Milei. Por lo tanto, hay un acercamiento de tipo ideológico.
¿Entonces, dónde vamos? ¿Cuál es la línea? La inestabilidad económica está detrás de la inestabilidad política. No hay un dirigente, un dirigente opositor, que tenga una línea de acción relativamente verificable.
Hace tiempo que vengo diciendo otras cosas. No quiero aparecer como un anunciador de catástrofes. Busco, trato de buscar permanentemente los aspectos positivos de una situación. El aspecto positivo: la resistencia de la democracia argentina es destacable porque; hace 43 años que estamos viviendo en democracia, aún con gobiernos autoritarios como fue históricamente el peronismo y como está haciendo Milei actualmente, porque la percepción del orden institucional es parecida, la de Milei con la Cristina Kirchner.
No encuentro la calidad dirigencial que deberíamos tener. No percibo la imaginación puesta al servicio de una situación crítica como es esta. No la percibo, no la veo, no veo la creatividad; veo una profundización de los intereses particulares. Veo una clase política que -no en su totalidad, por supuesto-, pero en un sector importante se ha vuelto vocacionalmente representativa de intereses particulares.
Y lo que es peor, incorpora el dinero como un argumento para la decisión política y esto es absolutamente incompatible con el pensamiento radical. No encuentro la salida, no encuentro el camino que nos lleve a algún lado. No lo veo, no lo veo por omisiones nuestras, porque cuando Milei se define como un hombre de ultraderecha ya sé lo que debo esperar.
Debo esperar una actitud antidemocrática de base; cualquier tipo que se define como de ultraderecha está en contra de la democracia. Es una vinculación clara de la jerarquía política con los altos niveles económicos. Por eso las decisiones que se toman en el plano económico siempre terminan beneficiando a los sectores de más altos ingresos. Por lo tanto, ahí no hay engaño, no digo nada de lo que pueda esperar.
Lo que sí me perturba es la inexistencia de una actitud clara del radicalismo para ocupar el espacio opositor, el espacio progresista, reequilibrar de esa manera el sistema político. ¿Cómo se debe empezar para eso?: debemos tener un candidato en las elecciones del año que viene. Un partido que no tiene candidato nacional, tarde o temprano termina desapareciendo.
Pero además hay un peso de los gobernadores que profundiza los desequilibrios, porque acá los gobernadores han adoptado una política que es comprensible desde el punto de vista de cada uno de ellos, pero no es aceptable, es comprensible, pero no es estable.
Los gobernadores y los intendentes trabajan en base a una concepción de defensa territorial y nada más. Y eso no es bueno porque el orden jerárquico normal, es primero la Nación, después la provincia, después el municipio.
Si los municipios condicionan a los gobernadores; los gobernadores condicionan a la Nación, se ha invertido el orden jerárquico, no terminamos bien.
Desde el punto de vista político, solamente tenemos ventajas, si tenemos dominio territorial, si ese dominio territorial se traduce en influencia política nacional positiva. Ahora, si terminan distorsionando la ubicación nacional del partido para defender el territorio, los gobernadores, no sirven, aunque haya buena gente.
Para reconstruir el partido tenés que tener candidato. Si no tenés candidato, no tenés partido.
Me parece que tenemos que trabajar en base a la búsqueda de un equilibrio para el sistema político. A mí lo que me preocupa es un sistema político fuertemente desequilibrado, donde no hay una alternativa a la derecha, no hay una alternativa a la derecha.
La reaparición del radicalismo tiene el propósito de mantener vivo el partido, pero además ofrecer un espacio para reequilibrar el sistema político argentino.
En última instancia es una cuestión de valores. ¿En qué medida estamos representando los valores históricos que le dieron sentido a la existencia de la Unión Cívica Radical? ¿En qué medida estamos siendo la expresión de la libertad más la justicia social? ¿En qué medida tenemos un compromiso con la democracia que recuperamos con Alfonsín?
No debemos perder de vista el objetivo central de nuestro partido, que es crear un orden social relativamente equilibrado, desde el punto de vista de la distribución del ingreso y que garantice la libertad».

